(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Las batuecas : comedia de majia en siete cuadros en verso y prosa"

11 



/3^^^e-c^t^ 



L*7 



^X W:¥'^^Í 



kt*rf 



(^/f¿óesw '-wstd^fy 



o 
> 

r 1 
r 1 
w 

> 

> 
o 
o 

55 
CJ 

$a 
O 

O* 

o 



O 

z 

> 
Z 

tu 



C/3 



O 

z 

w 
d 

H 
O 

W 



i 



O 



O 

S» 
O 



2 



LAS BATUECAS, 



COMEDIA DE MAJIA EN SIETE CUADROS 



EN VERSO Y PROSA 



DÉ 



D. JUAN EÜJENIO HARTZENBUSGIL 









MADRID. 



IMPRENTA DE REPULLEfí 

Octubre de 1843, 



PERSONAS. 



MATEO PICO, 

LUCÍA. 

PAULINO. 

ALFONSO. 

EL MAGO VIRTELIO. 

EL MAGO SOFRONIO. 

EL MAGO FORTUNIO. 

DON TURULEQUE. 

MARI-CASTANA. 

DONA CLORI. 

MELISENDRA. 

DULCINEA. 

MARCOLFA. 



EL CAPITÁN BADANA. 
EL DÓMINE GOLONDRO. 
EL BACHILLER COMINO. 
EL LICENCIADO RASPÓN. 
EL REY DE LOS GNOMOS. 
LA REINA DE LAS SALAMAN- 
DRAS. 
LEÓN. 
UN JUEZ. 
UN BUÑOLERO. 
UNA FRUTERA. 
UN MELERO. 
UN REPOSTERO. 



Jueces, alguaciles, dueñas, pajes, estudiantes, músicos, 
gnomos, salamandras, vendedores, pasiegas, damas, 
cortesanos, soldados, mozos, chulos, pueblo. 



La escena es en las Batuecas, y la acción se supone por 
los años de 1488. 



Esta Comedia^ que pertenece á la Galería Dramáti- 
ca , es propiedad del Editor de los teatros moderno, an- 
tiguo español y estrangero; quien perseguirá ante la ley 
al que la reimprima ó represente en algún teatro del rei- 
no, sin recibir para ello su autorización, según previene 
la Real orden inserta en la Gacela de 8 de Mayo de 1 837, 
y la de 16 de Abril de 1839, relativas á la propiedad de 
las obras dramáticas. 



Ss6? « 



Bosque espeso y fragoso: peñas altas en el fondo, por entre 
las cuales, á orillas de un barranco, se baja hasta la llanura, 
que solo principia cerca ya del proscenio: á la derecha del 
espectador una fuente rústica, sobre la cual se alza un pe- 
ñasco cubierto en parte con las ramas cruzadas de varios 
arbustos que brotan á los dos lados de la fuente. 



ESCENA PRIMERA, 

MATEO. LUCIA. 

Mat. ( Dentro , en el fondo , por la izquierda del 

espectador.} 

¡Só, só! ¡Maldito animal! 

¡Pues no ha cojido mal trote! 

¡Só! 
Luc, {Dentro) Va á despeñarse aqui. 

Apéame, no me arroje. — 

¡Ay Jesús! 
Mat. (Dentro.) Se me escapó. 

¡Por vida de los demontres! 
(Por el fondo y por una senda alta salen Mateo y Lu- 
cía tras un burro que va corriendo por entre las pe- 
ñas hasta pararse á orillas del barranco. Mateo 
trae al brazo unas alforjas.) 

Ceja aqui , pollino. — ¡Mira, 

mira el condenado dónde 

se fué á meter! 
Luc. ¡Ay, Mateo! 

no le sigas, que te espolies 

á caer en un barranco. 



669036 



4 

Déjale: como es el bosque 

tan espeso j no podrá 

irse lejos. 
(El burro va d saltar el barranco y se cae en él.) 
Mat. ¡ Buenas noches ! 

Luc. Se precipitó en el hoyo. 

Mat. Malos lobos le devoren. 

Luc. Nos hemos quedado á pié. 

Mat. Y gracias que echó de un bote 

las alforjas á rodar, 

porque si no, fuera doble 

la pérdida : no le sacan 

de ese pozo á dos tirones. 

(Van bajando d lo llano.) 
Luc. ¿ Y qué hemos de hacer ahora , 

Mateo? 
Mat. No te acongojes. 

No faltarán alquerías 

ó cabanas de pastores 

donde hospedarnos: en lodo 

caso bien cerca nos coje 

la Peña de Francia : iremos 

allá. 
Luc. ¿ Y si alguien nos conoce ? 

¿Cuántas leguas te parece 

distamos de Alba de Tormes ? 
Mal. Si al estraviarnos hoy 

no retrocedimos , doce. 
Luc. Doce leguas.. ¿Eslareraos 

libres de persecuciones 

ya ? 
Mat. Sí tal : el duque de Alba 

rabiará cuando le informen 

de nuestra fuga, y hará 

que por los alrededores 

de la villa se nos busque ; 

dirá que es delito enorme 

que un paje y una doncella 

de su casa se enamoren 

contra su mandato, y huyan 

sin decir oste ni moste; 

mas luego se aplacará, 



yutes siendo tú y yo dos pobres 

diablos, ajino parece 

de tan distinguido procer 

que, ni aun para hacernos daño, 

por nosotros se incomode. 
Luc. Tú me inspiras con fia riza. 

Veo, y miremos si corre. 

por aqui alquil manantial: 

tengo sed. 
Mat. Fuerza es que brote 

de entre estos peñascos agua 

que mantenga los verdores 

de estos juncos, de esta yerba , 

de esos recios alcornoques. — 

Aqui hay una fuente. 
Luc. (Registrando las alforjas,') Saco 

el vaso. 
(Llégase ú llenar el vaso d la fuente, y esta cesa de 
correr.) 

¡Calla! 
Mat. De golpe 

ha cesado de manar. 
Luc. Pues: y el sobrante se esconde 

por las grietas de las peñas, 

sin quedar con que me moje 
los labios. 
Mat. ¿Será esta fuente 

de los que allá en Alba el dómine 

del duquesilo llamaba 

intermitentes ? 
Luc. Y el nombre 

ese ¿á qué fuentes lo aplican? 
Mat. Según las esplicacionos 

que oí, son unas que manan 

un rato, y paran y rompen 

luego á correr otra vez 

por el mismo tiempo y orden. 

Esto afirman que consiste... 
Luc. No entres en mas pormenores, 

que no tengo yo á las ciencias 
la üficiun que tú. 
Mat. Aficiones 



desgraciadas puede haber; 

mas apuesto que en el orbe 

no hay persona á quien las suyas 

menos que á mí se le logren. 

Siempre mi ambición ha sido 

ser nn sabio; pero dióme 

una mollera el señor 

tan roma, tan dura y torpe, 

que con andar á la escuela 

de seis años á catorce , 

y sacar de allí atestada 

la cabeza de chichones , 

de palmetazos las manos 

y el trasponiente de azotes , 

ni siquiera sé leer. 

Vamos , ¡mayor mazacote...? 

Mateo Pico me llaman; 

pensé adquirir el renombre 

de pico de oro ; sí, sí: 

¡buen pico de empedradores 

es el mió! 
Luc. ¿Y qué te importa ? 

Mat. Si á lo menos fuera un joven 

gallardo, aunque fuese tonto, 

vaya; pero ser un drope, 

y ser feo y desgarbado, 

chiquituelo y morenote, 

¿ no es para estar cada hora 

echando cien maldiciones 

á la suerte ? 
Luc. Pues alguno 

te tiene envidia. 
Mat. Don Lope, 

mi rival, á quien el duque 

pretendió hacer tu consorte; 

pero ¿qué me envidia? Solo 

tu amor. 
Luc. {Está bien resentida.) Y eso ¿ no supone 

algo ? 
Mat. ¿ No ha de suponer? 

¡Vaya! — Por Dios, no te enojes. 

Queriéndome tú, ¿quién hay 



mas feliz entre los hombres? 

Ni el mismo rey don Fernando 

cuando en Granada enarbole 

la bandera de la cruz 

y le arranque los bigotes 

al rey Chico, sentirá 

el gozo que antes de noche 

tuve al subirte en el burro 

debajo de tus balcones. 

Si yo solo pienso en tí; 

si estoy hecho un pica tos te 

siempre que te miro; si ereí 

el único fin, el norte ; 

solo de mis pensamientos , 

la causa de mis dolores 

y mis contentos, mi vida, 

mi gloria, sol de los soles. 

Luc. Y tú, Mateo querido, 

por esa franqueza noble 

con que tus faltas acusas 

y humilde las reconoces , 

mas mi cariño acrecientas, 

mas obligación me impones 

de ser tu amante leal, 

tu cónyuje fina y dócil. 

Por eso yo sin temer 

escitar murmuraciones, 

despreciando á tu rival, 

despreciando el rico dote 

que me ofreció el duque de Alba 

para inclinarme á don Lope, 

de tí me fié, y contigo 

sola me hallo en este monte , 

segura de tu respeto 

á nuestros puros amores. 

Mat. Sí, Lucía de mis ojos: 

¡ojalá los corazones 
pudieran verse! 

Luc. ¡Ojalá! 

Mat. Yo te aseguro que entonces... 

Luc. Verías tú que en mi amor 

no ha obrado nunca otro móvil 



8 

menos digno. 
Mat. Tú verlas 

que no son ponderaciones, 
sino verdad lo que digo. 
Luc. El cielo á su cargo torne. 

castigarme si te engaño. 
Mat. Otro tu mano me robe 

si disimulo. 
Luc. ¡Mateo! 

Mat. ¡Lucía! ¿Quién este goce 

tan tierno puede turbar ? (Se abrazan.) 
Luc. Nadie. 

Mat. Nadie, mi bien. 

. (Vuelve á correr la fuente.') 
Luc. ¿ Oyes ? 

La fuente mana, bebamos. 
Mat. Deja que estas ramas corte 

que nos incomodan. 
S acá la espada j derriba con ella algunas r timas de 
las que cubrían el peñasco que se alza sobre la fuen- 
te, y entonces se ve grabado en la piedra un letrera 
en caracteres góticos que dice: fuente de la verdad.) 
Luc. Esas 

¿son letras ? 
Mat. Forman renglones % 

letras serán ; pero yo 

solo conozco las oes, 

siendo bien redondas. — Bebe. 
Luc. Muy fresca está. ¿Quieres? 

Mat. Coje: 

sí. 
Luc. Toma. — ¿No te parece 

que es un poquito salobre? 
Mat. Y aun amarga. 

Luc. Con efecto, 

aunque al pronto no se note, 

sabe mal. 
Mat. Sabe á demonios. 

Luc. Quema el paladar. 

Mat. Corroe 

las entrañas : no la vuelvo 

á probar yo. 



Luc. 
Mat. 


INi yo. 

Conque 
ahora ¿qué resolvemos? 


Luc. 


(Con viveza involuntaria.} 




Escapar de aqui á galope; 
que yo de tí no me fio , 




y hay que evitar ocasiones. 


Mat. 


Pues poco hace no decias 




eso. 


Luc, 


Ven acá , simplote : 




¿no ves que era por tenerle 




contento ? 


Mat. 


¡Por San Ónoí're 




bendito ! 


Luc. 


Con esas cuatro 




discretas adulaciones 




intereso tu amor propio 




para que todo lo- arrostres 




por id í; porque como yo 




no tengo mas prolectores 




ni deudos, ni mas apoyo 




que tú, no me corresponde 




obrar de otro modo. 


Mat. 


¿ Ltfego 




tú no me quieres? 


Luc. 


¡Pobre hombr 



Sí te quiero; pero advierte, 
que no eres ningún Adonis 
para que una rnuchachita 
de mi cara y de mi porte 
delire por tí. Tú no haces 
nada de mas aunque adores 
en mí; pues quien vale menos , 
razón es que se apasione 
mas. 

Mat. ¡Oh! no creas que yo 

te amo tan á troche y moche 
como antes. 

Luc. j Cómo ! ¡ Qué escucho ! 

Mat. Por mas que te diga llores, 

yo desde que has consentido 
que del palac O le robe, 



IO 



le estimo menos. 



Luc. ¡Qué insulto! 

Pues sabe , y no te sofoques , 

que he tenido en esta fuga 

mis ocultas intenciones. 
Mat. ¿No es por casarte conmigo ? 

Luc. Es y no es. 

Mat. Pues ¿qué hay? responde. 

Luc. Yo tuve un hermano 

llamado León , 

al cual una bruja 

de casa robó, 

siendo niño y ciego 

el ánjel de Dios. 

La noche del martes, 

al dar el reloj 

de casa del duque 

en punto las dos, 

no sé de qué modo 

la imaginación 

á mi cieguecito 

me representó. 

u ¡Oh! (dije) si vive, 

¿ no es fuerte rigor 

que ni él de mí sepa, 
* ni de él sepa yo! *•* 

Apenas mi labio 

soltó la espresion , 

un hombre en mi estancia 

se me apareció 

con toda la traza 

de un encantador. 

Varilla , que de oro 

se me figuró, 

brillaba en la mano 

del docto varón: 

vestía ropaje 

de raro color, 

y encima venia 

de un fiero dragón 

que me hizo por poco 

morir de pavor. 



1 1 

Y el mago me dijo: 
«sal de esta mansión; 
cabalga en cualquiera 
bagaje menor; 

y alli donde pare, 
alli decretó 

la suerte que encuentres 
un fiel protector, 
que te abra el asilo 
que guarda hasta hoy 
al mísero hermano 
que nunca te vio." 
No bien hube oido 
la última voz, 
dragón , mago y todo 
se desvaneció. 
Mat, Yo siempre... (y á todos 

notorio les es), 
yo siempre he tenido 
afán de saber. 
La noche del martes, 
en punto á las tres, 
trayéndome inquieto 
desvelo cruel , 
con estas palabras 
mi pena espresé: 
"¿por qué á mi cerebro 
negada ha de ser 
la luz de la ciencia , 
que tanto anhelé V* 
Apenas lo dije, 
cuando cate usted 
que Trente á mi cama 
descubro de pié 
sobre un aguilucho 
mas grande que diez 
á un májico anciano, 
ceñida la sien 
con varias coronas 
de verde laurel. 

Y dijo: "mañana 
al amanecer, 



12 

sal de Alba, y camina 

de un asno á merced ; 

y alli donde pare, 

allí te daré 

el don de la ciencia 

que quieres tener. *>. 

Hablar esto el mago 

y hallarme sin él , 

un mismo momento, 

una cosa fué. 
Luc. ¿Conque según lo que veo, 

si me acompañó hasta aqui 

vuesarced , señor Maleo, 

quizá fué por el deseo 

de saber mas que por mí ? 
Mat. Bien quisiera en realidad 

negártelo; pero, amiga, 

no obstante mi voluntad, 

hay un poder que me obliga 

á decirte que es verdad. 
Luc. ¿Soy tan fea y sin talento 

para que no se me aprecie ? 
Mat. Hija, tienes mucho viento ; 

y en fin, no hay amor exento 

de interés de alguna especie. 
Luc. ¡Esto oigo! Imposible que halle 

mi angustia alivio. 
{Solloza y vuelve la espalda d Mateo.} 
Mat. Me baldas 

con tu gemir. 
Luc. {Volviéndose á Mateo con rabia.') 

Oiga y calle. 
Mat. ¿Por qué te has vuelto de espaldas? 

Ltuc. Porque me mires el talle. 

Mat. Pues; y yo soy tan bonazo, 

que aunque eso merecería 

un valiente, latigazo, 

sufro la bellaquería , 

y estoy por darle un abrazo. 
L,uc. Y yo que en finjiendo mosca 

sé ponerle como un guante, 

cuando te acerques galante 



i3 

Voy á decirte muy fosca: 

quítateme de. delante. 
Mat. Y yo al ver desestimar 

mi amoroso testimonio, 

voy á enfadarme y gritar: 

Lucía, ¡voto al demonio, 

que no te puedo aguantar! 
Luc. Y yo entonces jiparé 

esclamando: ¡en estos lances 

la que quiere bien se ve! 

¡Pobre de mí! — Y trataré 

de huir, para que me alcances. 
Mat. Yo diré: ya se acabó. 

Luc. Y yo: á Dios, sin mas rodeos. 

Mal. Y yo: por tus devaneos. 

Luc. Yo: por tí. 

Mat. Yo: por mí no. 

Luc. Sí. 

Mat. No. 

Luc. Sí. 

Mat. No. 

Dos voces dentro. Deteneos. 
Luc. y Mat. ¿Quién nos detiene? 
Dentro una voz. Yo. 

Dentro otra voz. Yo. 

{Ábrese á cada lado una peña , y sale Virtelio por una 
y Sofronio por otra , los dos con traje y varita de 
magos.} 

ESCENA II. 

VIRTELIO. SOFRONIO. — DICHOS. 

Luc. ¡Cielos! Este es el mago que en mi estancia 

penetró la otra noche. 
Vir. Ciertamente. 

Mat. {A Sofronio.) Vos el májico sois á cuya instancia 

del palacio salí furtivamente. 
Sof. Yo soy, y ya anduviste la distancia 

para acabar tu viaje, conveniente. 
Vir, Aqui vais á elejir vuestro destino. 

Para volver atrás ya no hay camino. 
Sof. Esta selva espesísima encantada, 



u 

donde salir nos veis de peñas huecas, 

guarda en su seno la escondida entrada 

del dichoso país de las Batuecas. 

Vega profunda en torno coronada 

de riscos altos, cuyas cimas secas 

forma de muro inaccesible tienen, 

ignorada en Castilla la mantienen. 

Un pueblo culto y numeroso habita 

dentro del amenísimo recinto, 

que los usos de España en parte imita 

y otros tiene de jénero distinto. 

De tiempo en tiempo aqui se precipita , 

ó cual vosotros , ó por propio instinto, 

algún viajero á quien asilo damos 

tres májicos que el valle custodiamos. 

Todos beben primero de esa fuente 

que es la de la verdad, y ella los hace 

su intención descubrir injénuamente 

sin cálculo sagaz que la disfrace. 

Tres puertas se abren al viajero enfrente, 

y entra por la que mas le satisface; 

mas ved que el i je , al penetrar por una, 

la virtud, el saber, ó la fortuna. 

So tronío soy, la ciencia represento, 

la ciencia que al mortal con Dios iguala : 

yo los celestes orbes mido y cuento ; 

las honduras del mar mi vista cala ; 

yo para saltear el firmamento 

cruzo el aire en carroza que lo escala; 

yo soy ,. en fin, señor de cuanto encierra 

la doble inmensidad de ciclo y tierra. 

Vir. Yo me llamo Virtelio, y«simbolizo 
la sencilla virtud modesta y pura; 
la que asi bajo techo de carrizo 
como en salón de réjia arquitectura, 
y en la cumbre del bien resbaladizo 
como en dolor continuo y amargura , 
quieta vive y su horóscopo contrasta ■, 
pues para ser feliz, ella le basta. 

So/. Con el saber se adquiere el poderío. 

Vir. Con la virtud Ja paz. 

Sof. < Pasmo del mundo 



es el mortal á quien mi luz envió. 
Vir. Yo contento dulcísimo y profundo 

vierto en el alma del alumno mío. 
So/. Yo afino las costumbres. 
Vir. Yo las fundo. 

So/. La dicha es el saber ; seguid mi huella. 
Vir. La dicha es la virtud; buscadla en ella. 

ESCENA III. 

el mago fortünio, saliendo también de otro peñasco. 

DICHOS. 

For. ¿Quién es el insensato que se atreve 
á negarme la gran prerogativa 
de que en el mundo á mi capricho lleve 
del bien y el mal la varia alternativa? 
¡Prometéis dicha con poder tan leve 
que un soplo de Fortünio lo derriba ! 
¿Cómo desconocisteis de ese modo 
que siendo la fortuna, reino en todo ? 
Sin fortuna el saber yace ignorado; 
la virtud sin fortuna á nadie enseña; 
saber en las tinieblas encerrado , 
virtud que la luz pública desdeña, 
solo es un egoísmo disfrazado, 
y un tesoro en poder de alma pequeña: 
de modo que sin mí sois en justicia 
tú pura nulidad , y tú avaricia. 
Poned á la virtud en la indijencia, 
y ella tal vez la arrastrará al delito; 
fáltele suerte próspera á la ciencia, 
y veréis como nunca da en el hito: 
yo al hombre á quien otorgo la opulencia 
nobleza infundo y crímenes evito; 
y mil inventos útiles de nota 
fueron casual hallazgo de un idiota. 
Creedme, estraviados caminantes; 
en mí todos los bienes atesoro : 
yo á zafios de un breñal torno elegantes, 
y hago de un ente ruin un pino de oro; 
yo todos los defectos repugnantes 



i6 

con el barniz de la riqueza doro, 
y fijo por axioma verdadero 
que. basta el cielo se gana con dinero. 
Vir. ' ¡Temerario! 
Sof. ¡Impostor! 

For. Lo justifico, 

pues tendiendo su mano bienhechora 
puede salvar la humanidad ñn rico 
mientras el sabio lenguaraz perora; 
mientras grande en querer y en obras chico, 
estérilmente el virtuoso llora, 
cuando el mendigo hambriento que le asalta 
le pide el pan que para sí le falta. 
Vir. Virtud, para hacer bien, se necesita. 
Sof. Para hacer bien, precisa es la prudencia. 
Vir. Quien da por vanidad , al vicio incita. 
Sof. Dar á ciegas, proteje la indolencia. 
For. Una razón no mas desacredita 

toda vuestra sofística elocuencia : 
pues que de dar habláis, yo considero 
que tener para dar es lo primero. 

{A Mateo y Lucía.) 
Ea, fijad vosotros vuestra suerte* 
Sof. Resolved. 
Vir. Elcjidme por amigo , 

maestro y prolector. 
Sof. No han de escojerle^ 

que si atienden así, vendrán conmigo. 
For. Mirad que mi poder es el mas fuerte, 
y soy muy de temer para enemigo. 
Quien tuviere fortuna declarada, 
tendrá ciencia y virtud; sin ella nada. 
Mal. Vuesarcedes, señores, han parlado 
los tres con agudeza peregrina; 
pero según en todos he notado, 
cada cual llega el ascua á su sardina. 
Haya de ser feliz ó desgraciado 
en la senda que el hado me destina, 
prefiero la que siempre fué mi antojo. 
Sofronio, vuestro soy; la ciencia escojo. 
Sof. Bien. 
Vir. Mal. 



»7 

For. Te ha do pesar. -Y tú ;qué eliges? (A Lucia) 

Vir. Medita bien primero la respuesta. 
Mat. Sé doctora, y si yerro, mi; cerrijes. 
Lúe. Templada en mis deseos y modesta, 

poco amiga de galos y de dijes, 

siempre, al silencio v al trabajo presta, 

ni ansio grandezas, ni al saber me aplico: 

á la virtud mi corazón dedico. 
Vir. ¡Bien, hija! 
Sof. Mal. 

For. ¡Oh rabia! 

Mat. El seor Fortunio 

parece que esta vez se queda feo. 
For. Me pagareis con hórrido infortunio 

este primer desaire en que me veo. 
Sof. Ahora os separáis, mas para Junio 
(A Mateo y Lucia.) 

ya os unirán los lazos de himeneo. 

Ven. (Tomando de la mano á Mateo.) 
Mat. ¡Llegue pronto el venluroso dia! 
Vir. (Cojiendo de la mano d Lucía.) 

Sigúeme. 
Luc. A Dios, Mateo. 

Mat. A Dios, Luci'a. 

(Abrense las perlas del fondo , y descúbrese en el medüj 
una puerta (ó hueco grande J, por la cual entra T ir- 
telio con Lucía, j otra d la izquierda del espectador, 
y entran por alli Sof ionio y Mateo.) 

ESCENA IV. 

FOUTUSIO. 

Jd , imprudentes amantes; 

id y ciegos confiad 

en el escaso poder 

de los que á rejiros van ; 

que yo entre tanto os preparo 

una lección ejemplar 

que os Laga ver cuánto yerra 

el atrevido mortal 

que desprecia cual vosotros 

2 



,8 

los dones de mi bondad. 
Siempre son tres los viajeros 
que suelen aqui llegar, 
y uno al menos de los tres 
se declara mi secuaz. 
Esta vez han sido dos, 
y no ha querido aceptar 
ninguno de mi dominio 
la protección eficaz. 
¡Oh si viniese el tercero 
pronto, para derramar 
á manos llenas en él 
de mi favor el caudal; 
para que muertos de envidia 
viesen su prosperidad 
esa necia mojigata 
y ese estúpido rapaz! 
Mas ¿ qué digo? Tres vinieron: 
mi objeto he logrado ya. 
El asno que los condujo 
voy de la zanja á sacar, 
y convirtiénclole en hombre, 
mi favorito será. 
Ya que como irracionales 
quisieron los dos obrar, 
á ver si entiende mejor 
su interés un animal. 

Dócil y sufrida bestia, (Alzando la voz.) 
destinada á figurar 
la ignorancia inofensiva, 
la paciente necedad, 
obedece mi conjuro, 
sube de esa poza , sal. 
(Aparece el burro d la orilla del hoyo donde se hun~ 
dio.) 

Salió. Voz y raciocinio 
humano le quiero dar, 
conservándole el recuerdo 
de su ser orijinal. — 
Su nuevo nombre muy poco 
del otro debe distar: 
Paulino le llamaremos, 



■9 

que es lo que. mas cerca está 

de pollino. — ¡Hola, Paulino! 

levántate y echa á andar. 
{Tiende la varita hacia el burro, y este desaparece, 
viéndose en su lugar un hombre vestido, pero quedán- 
dole la albarda , la cabezada y el bozal.) 

ESCENA V. 

PAULINO. — FORTUNIO; 

Pau. ¿Quién me saca Je ese abismo 

donde hay tanta cucaracha? 

Pero ¿qué miro? ¡Qué facha! 

¿Soy otro yo, ó soy el mismo ? 

¡Una doméstica res 

con tan raros aparatos ! 

¡Yo bragas, chupa y zapatos! 

¡Yo teniéndome en dos pies ! 

No sé cómo me rebulla. 
For. Muévete y aprenderás. 

Pau. Quedaré, en un pié no mas, 

y en mi vida he sido grulla. 
Fo?: Anda, y sin temor dirije 

el paso. Ven. 
Pau. ¡Qué molestia ! 

Eso es querer que una bestia 

se mate. (Va á caminar, y cae.) ¡Pues! ¿no lo «Jije? 

Al primer lance he venido 

al suelo. ¿Sois por ventura 

quien me ha dado esta figura? 

Yo soy. 

¡Os habéis lucido! 

¿ Todavía le me quejas? 

¿ Pues no queréis que eche menos 

mis lomos gordos y llenos, 

mis magníficas orejas? 

De verme tal me espeluzno; 

y ha sido lo mas atroz 

cambiarme en tan mala voz 

mi dulcísimo rebuzno. 
¿Y mi cola rozagante? 



20 

¡Cortada al rape del hueso! 
Asi falta el contrapeso, 
y me caigo hacia delante. 
For. No te caerás ya. 

Pau. Sí tal. 

For. No repliques. 

Pau. Sí replico. 

For. Eres terco. 

Pau. Soy horrico: 

yo sigo mi natural. 
For. Ya eres hombre. 

Pau. Poco á poco. 

Eso... 
For. En dudarlo me agravias. 

Pau. A ver. De hombre son las pavías, 

{Tentándose las narices, la cara, &c.) 
de hombre es la cara que loco, 
la cabeza, el cuerpo... ¡ Ay Dios! 
Ya cual persona discurro. 
Sí, me apearon de burro, 
y soy otro como vos. 
For. Tira el aparejo á un lado: 

no te hace falla. 
Pau. Lo haré ; 

aunque de algún hombre sé 
á quien viniera pintado. 
¿Queréis decirme el objeto 
de esta mi metamorfosis ? 
For. He lomado cierta dosis 

de rabia contra un sujeto 
que despreció mi poder, 
y quiero vengarme, asi, 
haciéndote bien á tí, 
y haciéndole á él padecer. 
Pau. ¿Quién os dio tal sofocón? 

For. Tu amo. 

Pau. 'Recio.) ¿Mi amo? 

For. Cosa clara. 

Pau. Pido la palabra para 

una rectificación. 
For. ¿ Por qué asi te has alterado? 

Pau. Yo jamás amo he tenido. 



21 



For. Pues el paje que lias traído 

aqui , ¿quién es? 

Pait. Mi criado. 

Fnr. ¿Tu criado? ¡Qué aprensión! 

Pait. ¡Toma! él con afán inmenso 

me proporción.) ha el pienso, 
él me llevaba al pilón , 
él mi habitación tenia 
que arreglar, y que. vestirme: 
si es que esto no era servirme , 
yo no sé lo que sería. 

For. Raciocinas con talento; 

no se te puede negar. 

Pau. j Pues qué! ¿oir, ver y callar, 

no ha de instruir á n\\ jumento? 

For. Tú has de ser mi favorito, 

y siempre, con mi asistencia, 
has de estar en competencia 
con Maleo. 

Pau. Si cpmpito 

á cargar, poco trabaja 
mi lomo para ganarle : 
sin peligro puedo darle 
tres arrobas de ventaja. 

For. Cuando el paje á pechos lome 

adquirir un puesto ó grado, 
tú has de alzarte de contado 
con él. 

Pau. El grado ¿ se come? 

For. Dan para vivir sus gajes 

y dotación. 

Pau. Pues, señor, 

me echaré á competidor 
con una recua de pajes. 
For. Verás cómo se despeña 

de ira. 
Pau. ¿ Y si porque le birlo 

la plaza, en vez de sufrirlo, 
coje y me carga de leña ? 
For. ¡Miedo bien importuno! 

¿ No sabrás tú manejar 
un palo? 



22 

Pau. Os puedo jurar 

que nunca he dado ninguno. 

For. Ten brio. 

Pau. Es que me da grima 

pensar, si á palos peleo, 
que eslá hecho á darlos Mateo, 
y yo á llevarlos encima. 

For. En fuerza de la costumbre, 

no te harán ya sensación. 

Pau. Me convence esa razón : 

afuera la pesadumbre. 
Yo desplegaré enerjía 
en trances buenos y malos ; 
que para un asno los palos 
son el pan de cada dia. 

For. Ven y entra con pié derecho 

en un país en que des 
envidia mientras estés, 
con tu fortunon deshecho. 
En un palacio hospedaje 
te daré: tendrás ganados, 
haciendas... 

Pau. Buenos sembrados. 

For. Sedas, joyas... 

Pau. Buen forraje. 

For. Mil sirvientes que afanosos 

te vistan con jenlileza... 
Ricos viuos... 

Pau. No, cerveza. 

For. Coche y caballos briosos. 

Pau. ¿Coche y caballos? Corriente. 

Vengan , si se me permite 
dar con ellos un desquite 
á la cuadrúpeda jen le. 

For. ¿Cuál ? 

Pau. Dentro del coche quiero 

los caballos embocar, 
y del coche han de tirar 
los lacayos y el cochero. 

For. Eso no. 

Pau. ¿Os volvéis atrás? 

Haccdmc en una posada 



23 

mozo de paja y cebada, 
y renuncio lo demás. 
(Fortunio se dirije hacia el fondo , y Paulino le sigue. 
Hacen se en esto entre las últimas penas y árboles 
ires rompimientos , por donde se ven las mansiones 
de los tres magos. En la del medio aparece Lucia 
vestida de blanco , y puesta de rodillas haciendo ora- 
ción; detras de ella , sobre unas nubes , un grupo de 
ninas con los atributos de las virtudes teologales ¡y 
al rededor varios anjelitos con palmas y coronas. 
En el hueco á la izquierda del espectador se descu- 
bre á Mateo, con ropa talar y gorro , sentado á una 
mesa y estudiando: le acompañan algunas de las 
7nusas y ó los genios de las ciencias y artes. Por el 
rompimiento de la derecha, que representa un salón 
magnifico, donde gira la rueda de la fortuna, salen 
una porción de pajes, doncellas y escuderos , que pre~ 
sentan á Paulino en ricos azafates prendas de ves- 
tidos, joyas diversas , y esquisilos vinos y viandas. 
El lo examina todo , y lo agradece con cortesías ri- 
diculas, pero nada acepta. Mientras tanto se hace oir 
alternativamente por cada, abertura una música dis- 
tinta ; la una espresa el recojimiento y piedad de la 
oración, la otra el entusiasmo del jenio, y la otra la 
desordenada alegría de los placeles sensuales. — Cae 
el telón.) 



FIN DEL CUADRO PRIMERO. 



:í jj$ 5^^r#£' • ^r^^^i- w wí ■^m-m^.'^^-m'^í' ■ w^^&^o 



& 



nabto 5 



*<)tttt&0- 



Plaza magnífica : hacia el medio del teatro una lonja aisla- 
da y sostenida en columnas, que sirve para actos públicos; 
debajo una mesa y sillas. A la derecha del espectador la 



pecta< 
ateo en un piso alto; á la izquierda 
cía que ocupa un entresuelo, al cual se sube por 
una escalerilla volada lucra del muro. Va á amanecer. 



casa donde habita M 
la de Lu 



ESCENA PRIMERA. 

virteoo, fortunio^ Sofkonio, saliendo juntos á la pla- 
za, paulino, durmiendo dedujo de la lonja al pié de la 
mesa. 



For. 
Sof. 
Vir. 
For. 
Sof. 
Vir. 



For. 



Sof. 



For 



Venid , no huyáis. 

Yo no huyo. 
Yo no quiero darle oídos. 
¿Cómo va de pro tejidos.? 
¿Y qué tal lo pasa el tuyo? 
¿Paulino? Durmiendo ahí cerca 
le tienes al perillán, „ 
á pesar de ser guardián 
de esta plaza de la Alberca. 
Pues con Paulino roncando, 
en gracia de su ventura, 
la plaza está mas segura 
que con otro vijilando. 
No hace á tu poder lisonja 
la suerte poco gallarda 
de quien no pasa de guarda 
para una pública lonja. 
Mi favorito a la par 



25 



lia de ir con otros mas diestros: 
cuando medraren los vuestros, 
al mió veréis medrar. 
Vir. Lucía á su hermano halló, 

y con él vive en sosiego. 
For. Le ha encontrado pobre y ciego; 

eso fué lo que ganó, 
y le cuesta la tontuna 
de las fraternas carocas 
trabajar para dos bocas, 
pudiendo ser para una. 
So/. Mateo á todo el enjambre 

de nuestros doctos supera. 
For. Sabrá todo lo que quiera; 

ello es que se muere de hambre: 
bien que ya no maravilla 
que vivan sin un consuelo 
la virtud en entresuelo 
y las ciencias en guardilla. 
Vir. En ciencia y virtud un jérmen 

hay de bien que no conoces. 
For. ¿Es alguno de sus goces 

velar cuando lod<js duermen? 
Como el esclavo mas vil , 
hace rato que á porfía 
están Mateo y Lucía 
tragando humo de candil. 
Sea gusto ó precisión, 
asi el cuerpo se destronca ; 
vo me atengo al que alli ronca 
al raso sin aprensión. 
So/. Al que á estudiar se dedica. 

no dañan esos estrenaos. 
For. Pues ¿queréis que le escuchemos 

para ver cómo se esplica ? 
So/. Sí. 

Fir. Y á Lucía también. 

For. Bueno: reúnanse un rato, 

ya que, siervos del recato, 
casi no se hablan ni ven. 
So/. Los tres nos apartaremos; 

saldrán á puerta y ventana, 



26 

y cuando nos diere gana, 
los reunimos. 
For. Marchemos. 

(Retíransc á un lado.) 

ESCENA II. 

lucía , saliendo á la puerta del entresuelo con una silla 

j labor, mateo, asomándose á su ventana. — LOS tres 

magos, ocultos. 

Lúe. No hay nadie. ; Con qué deleite 

veré la aurora asomar, 

que me deja trabajar 

sin hacer gasto de aceite! 
Mal. Ya alza el nocturno capuz 

la precursora de Febo: 

por economía debo 

pegar un soplo á la luz. 
{Quítase de la ventana^ y apaga su candil.) 
Luc. ¡Ay qué fatigas enormes 

cuesta aqui el ganar la vida! 

Mas descansada y lucida 

estaba en Alba de. Tormes. 

Burlando el espionaje 

de tantas dueñas hurañas, 

cada dia con mis mañas 

hablaba yo alli á mi paje; 

y por el contrario, aqui 

semanas en verle lardo: 

como yo propia me guardo, 

no puedo engañarme á mí. 

Conozco ahora que siembra 

el diablo malas semillas 

en el trato que á hurtadillas 

mantiene varón con hembra. 

Con todo, de tan loables 

máximas, amor solloza: 

la virtud á medias goza 

privilejios envidiables. 

Si menos escrupuloso 

mi corazón era un dia, 



yo mas alegre vivia. 

Mas ¡qué digo! — Callo y coso. 
Mat. Ya puedo ser catedrático, 

ya soy astrólogo y médico, 

y por método ortopédico 

tieso camino y enfático; 

ya oigo decir con estruendo 

cuando las calles practico: 

«alli va Mateo Pico, 

alli va el sabio estupendo/' 

Esta fama, por lo pronto, 

hace á mi amor el agravio 

de que no pueda por sabio 

lo que pudiera por tonto. 

¿Cómo con mis hopalandas 

he de hacer una visita 

á una muchacha bonita 

que labra vainica y randas ? 

La batueca juventud 

me molería los lomos. 

¡Lucía! mártires somos 

de la ciencia y la virtud. 
{Aparecen los tres magos á la esquina de una calle.) 
For. ¿Qué tal? ¿no son muy felices? 

Sof. Deja que se vean. 

Mat. ¡Ay! 

¡si un rato de guirigay 

sin que tú lo escrupulices, 

Lucía, tener pudiera 

libre de acecho contigo! 
Luc. j S¡ yo libre de un testigo 

aqui á mi Mateo viera! {Se ven y se saludan.) 

Alli se asoma. ¡Oh placer! 

Con esto nos consolamos. 
Mat. Alli está. Basta: volvamos 

á estudiar. 
Jaic. Vuelvo á coser. • 

Vir. ¿Ves cómo saben templar {A Fortunio.) 

sus amantes desvarios? 
Sof. Almas fieles, reunios, {Alzando la voz.) 

que nadie os ha de observar. 
{Elévase Lucía , sentada en su silla, desde la meseta de 



ü8 

la escalera ; Maleo laja sentado , y quedan reunidos 
y suspensos los dos en una especie de balcón. Los 
7nagos se retiran.) 
Luc. ¡Oh dicha! 

Mat. Májlcamente 

nos reúnen , mi bien. 
Luc. Sí, 

y según la voz que oí, 

no habrá quien lo mire y cueníe. 
Mat. Usemos de este favor. 

¿Cómo te va con tu hermano? 
Luc. Me busca obra; pero en vano: 

me pagan mal la labor. 
Mat. ¡Impíos! 

Luc. Y en tu carrera 

de médico ¿qué te pasa? 
Mat. No me llaman á una casa 

donde el enfermo no muera. 
Luc. ¡Pues tienes habilidad! 

Mat. ¿ Qué habilidad? va en la suerle: 

ninguno cura la muerle, 

cualquiera la enfermedad. 

A enfermos van á asistir 

otros* que se curan ellos; 

á mí me tocan aquellos 

que por fuerza han de morir. 

Con esta fama, convulso 

se pone al verme un doliente; 

y es fuerza por consiguiente 

que ya jamás tome un pulso. 

Abandono profesión 

que tan fatal se me muestra; 

y hoy en pública palestra 

voy á hacer oposición 

al cargo, que esta mañana 

se va aqui en la plaza á dar, 
# de astrólogo titular 

de la corte batuecana. 
Luc* Quiera Dios que con honor 

puedas el premio llevarle. 
Mal . Tengo al menos de mi parte 

que no hay mas opositor. 



Luc. Bien. 

Míii. Luego don Turuleque, 

correjidor de la villa, 
jura s<?r de mi pandilla 
en lodo lo que no peque. 
De valde por él he alzado 
figura y por su mujer, 
y según llego á entender, 
la paga será ese grado. 
Luc. También por mi p rotee I ora 

se vende, si no me engaña, 
la dona Mari-Castaña. 
Mat. ¡Hola! ¿la correjidora? 

Pues la debías rogar 
que en mi favor influyera. 
Luc. impropio en mí pareciera, 

y ademas era intrigar, 
Mat. Cierto, dije un disparate. 

Luc. Remítete á la justicia: 

valga al docto su pericia, 
y no el favor de un magnate. 
Mat. Es un principio inconcuso; 

mas ya tendrás certidumbre 
de que esa no es la costumbre. 
Luc. Será la costumbre abuso» 

Mat. Cabal: con todo, confia; 

hoy saldremos de pobreza, 
y dueño de tu belleza 
me hará la sabiduría. 
Luc. Como suponerlo puedes, 

mucho tu triunfo deseo: 
sin tí no me hallo ni veo 
entre mis cuatro paredes. 
Pecará de liviandad, 
esta confesión que te hago: 
es efecto de aquel trago 
del agua de la verdead. 
Mat. No receles, mi pimpollo, 

decir la verdad en esto, 
que nunca el amor honesto 
puso á la virtud escollo; 
antes cuando al vivo ardor 



2 9 



3o 

pábulo da la honradez, 

se trueca amor esa vez 

en otra virtud mayor. 

Después del que desde allí 

{Señalando al cielo.) 

adoración nos reclama , 

con su ley cumple quien ama 

al prójimo como á sí. 
Lite. Vivo sin remordimiento 

por eso allá en mi casilla, 

los ojos en la almohadilla , 

contigo mi pensamiento; 

y la fuerza del querer 

venturas anticipando , 

ya soy dichosa pensando 

que algún dia lo he de ser. 
Mat. Y en este de hoy ¿se me veda 

que el labio á tu mano llegue? 
Luc. Manda el recato que niegue, 

y la inclinación que ceda. 
Mat. Amor es justo que rompa 

por miramientos livianos. 
Luc. No, no. 

Mat. ¿ Qué es un besamanos 

mas ó menos? 
{Va á besar la mano d Lucia. , y sálele una nariz cor- 
va grandísima que le tapa los labios.) 
Luc. ¡Huy! ¡qué trompa! 

Mat. ¡Jesús! No alcanzo: me embarga 

el ósculo esta* nariz. 
Luc. Pareces una perdiz, 

cuando el pico se le alarga. 
Mat. ¡Que asi se. me mortifique! 

Luc. Aqui hay tijeras: ¿cerceno? 

Mat. No, ya que no bese, bueno 

será siquiera que pique. 
Luc. ¡Estás lindo ! 

Mat. Dame al fin 

un abrazo. 
Luc. ¿Aun continúas? 

Mat. Vamos. 

Luc. Que no. 



3i 

Mal. Eh, sí. 

(Cúbrese todo el vestido de Lucía de púas tiesas y lar- 
gas que impiden á Mateo llegar á ella.) 

¡Qué púas! 
Pareces un puerco espin. 
Luc. ¿ Ves cuál por tus pasmarotas 

rae ponen ? 
(Principian á retirarse los dos trozos de balcón.) 
Mat. ¡ Nos separamos! 

Luc. A Dios, y que nos veamos 

sin pinchos ni narizotas. 
(Queda todo como antes: Lucia y Mateo entran en sus 
casas.) 

ESCENA III. 

FORTUNIO. PAULINO. 

For. Me he divertido á costa de los pobres amantes sin 
que mis compañeros hayan podido estorbármelo: asi co- 
nocerán cuan superior es mi poder al suyo. (Llegándo- 
se á Paulino y tocándole con la vara.) ¡Paulino! 

Pau. (Medio sonando.) ¿Cuesta abajo y de vacío? ¡Bue- 
na jornada! 

For. Despierta, jumento. 

Pau. ¿Quién llama? (Levantándose.) ¡ Ab ! ¿sois vos, 
señor transfigurador? 

For. Sí; vengo á cumplirte la palabra que te di de col- 
marte de beneficios. Hasta abora no te habia proporcio- 
nado mas que el cargo de guarda , aqui donde se celebra 
el mercado de cereales. 

Pau. Yo lo solicité, porque los cereales son los que á mí 
me engordan. 

For. Con todo, te voy á sacar de este humilde estado. 

Pau. En parte no lo siento: ¡ve uno aqui hacer tales tro- 
pelías con sus semejantes! ¡Infeliz del que anda debajo! 

For. Hoy has de ganar la plaza de astrólogo en la oposi- 
ción pública. 

Pau. ¿Qué entiendo yo de astrolojía? 

For. ¿Y es preciso entender de un cargo para obtenerlo? 
Loque se necesita es atrevimiento para aspirará él. 

Pau. Eso no va conmigo: yo soy cobarde. 

For. La fortuna sigue á la audacia y á la actividad. 

Pau. Yo no quiero que nadie me siga los pasos. 



32 

For. Cuando yo alzo el dedo, es señal de que exijo de tf 
una cosa. 

Pau. Cuando yo meneo la cabeza es ¿enal de que no me 
da la gana de serviros. 

For. Al que no me sirve, le enseño yo asi. {Le da una 
bofetada.') 

Pau. ¡Vaya un modo de dar lecciones! 

For. Esa fué una coz. 

Pau. Y la vuestra fué manotada. 

For. Tú me debes obedecer: soy quien te hizo hombre. 

Pau. Ya tratáis de deshacerme, principiando por los car- 
rillos. 

For. Ó me sirves en todo, ó mando que te ahorquen. 

Pau. Señor, que ninguno de^rni linaje Jia subido al pa- 
tíbulo. 

For. Tu serás patibulizado si me resistes. 

Pau. Ya; si vos estáis por la cuerda tirante... A un argu- 
mento que estrecha tanto, no hay mas que bajar las ore- 
jas y darse por convencido. Mandad sobre mí. 

For. Asi me agrada. Yo te liaré vestir el traje de astró- 
logo, y con él nadie te conocerá cuando te presentes al 
certamen. 

Pau. Y cuando llegue el caso de hablar, ¿qué he de 

decir ? 
For. Nada. 

Pau. Para ese papel no me faltará memoria. 
For. El correjidor viene aqui : sigúeme. 
Pau. Perdonad: el arriero va detras del ganado. {Transe 

los dos, Paulino delante.) 

ESCENA IV. 

DON TURULEQUE. UN JUEZ. EL DOMINE GOLONDRO. EL BACHI- 
LLER COMINO. EL CAPITÁN BADANA. EL LICENCIADO RASPÓN. 
ALGUACILES. 

Tur. Yo soy imparcial, señor juez; yo no trato de prevenir 
vuestro fallo; solo quiero que la plaza sea para el doctor 
Mateo. Me ha anunciado que si oyendo un discurso cien- 
tífico bosteza mi mujer tres veces en un cuarto de hora, 
se me muere á los tres meses cabales : ya veis, á un hom- 
bre que me da tan buenas esperanzas, ¿qué le he de ne- 
gar yo? 



33 

Juez. ¿Y sucio bostezar con frecuencia doña Mari-Cas- 
taña ? 
Tur. Nunca, ni yo tampoco; pero un discurso astroló- 
jico debe ser soñoliento, y ella no dejará de asistir al 
de hoy. Id , id y poneos de acuerdo con los compañeros. 
(Vasc el Juez.) Vosotros, arniguilos, ¿qué teníais que 
decirme ? 
Gol. Yo, señor correjidor, no digo mas sino que me declaro 

contra el opositor forastero. 
Tur. Dómine Golondro, permítame usarced... 
Com. Señor don Turuleque, yo también me pronuncio con- 
tra Mateo. 
Tur. Óigame el bachiller Comino. 
Ras. Ego quoque. 
Tur. Señor licenciado Raspón... 
Bad. Yo estoy en pro... 
Com. ¿ En pro? 

liad. En pro de los que están en contra. 
fías. ¡ Viva el capitán Badana ! 
Tur. Pero ¿ por qué le hau tomado vuesarcedes tirria á ese 

hombre que hace predicciones tan lisonjeras? 
Com. ¿Lisonjeras, eh ? A doña Clori le ha predicho que se 
casaria con un tonto: ¡vean usarcedes qué atrocidad, es- 
tando yo en vísperas de ser su marido í 
Gol. Es menester calabacear á ese hombre; yo he dado pa- 

palabra de ello á la señorita Melisendra. 
Ras. Doña Marcolfita ha decidido que el doctor Mateo es 

un mentecato. 
Tur. Puede equivocarse doña Marcolfa. 
Bad. Doña Dulcinea, mi novia, que no se equivoca nunca, 

dice lo mismo. 
Ras. Por lo cual prevenimos al señor correjidor... 
Com. Con el mas profundo respeto... 
Bad. Que habrá calabazadas para el opositor, y tronchazos 

para el que le apadrine. 
Gol. Pero todo sin alterar el orden ni la tranquilidad pú- 
blica. 
Tur. Pues, señores, yo, decidido imparcialmente á patro- 
cinar al doctor Mateo porque me tiene cuenta, yo toma- 
ré mis medidas para que el verdugo les lome á vuesar- 
cedes la de las espaldas. 
Los cuatro. Señor correjidor... 

3 



34 

Tur. No digo mas, porque viene mi mujer por allí, que bas- 
ta para que yo me marche por allá. (Vase por donde 
se fué el juez.) 

ESCENA V. 

MARI-CASTANA. DONA CLORI. DULCINEA. MELISENDRA. MARCOL- 

FA. PAJES, que llevan las colas d las damas. DUEÑAS.— 

BADANA. GOLONDRO. COMINO J RASPÓN. 

Cast. {A l paño.) Sí, queridas, es menester aplaudir mu- 
cho al doctor Mateo. Me ha anunciado que si mi mari- 
do bosteza tres veces en un cuarto de hora oyendo un 
discurso científico, á los tres meses me quedo viuda. 
{Adeldntanse las damas.) 

Bad. Mi señora doña Mari-Castaña... 

Corn. Señoras... 

Gol. ¿ Venís al certamen ? 

Cast. Con doña Clori , doña Dulcinea, doña Melisendra y 
doña Marcolfa. 

Has. Lo mas escojido de la villa. 

Cast. A lo menos es lo escojido por vuesarcedes , que son sus 
novios. 

Dula. Aqui no hay mas novio que el bachiller Comino. Eso 
no quita que si el capitán Badana quiere honrarnos con 
su compañía un momento... 

JBad. Me hacéis gran merced. 

McL Lo mismo le digo al dómine Golondro, y con el mis- 
mo desinterés. 

Gol. Yo os lo agradezco. 

Mar. No ha de ser menos el licenciado Raspón. 

Ras. Está muy en el orden. 

Corn. En efecto: la prueba de que estas niñas no quieren á 
estos caballeros es que los invitan á que estén á su lado: 
mi doña Clori, que me quiere, no me ha dicho palabra. 

Cío. Callad, que tendré que ponerme colorada, y se enfa- 
dará el capitán. 

Com. : Hola ! ¿ y qué derechos tiene para enfadarse ? 



35 

ESCENA VI. 

PORTO N I O. — DI CU OS. 

For. {Ap. Ya he aturdido al correjidor y á toda la vi- 
lla : engaitemos á esta gente para que Paulino se lleve el 
lauro.) Buenos días, señores. 

Casi. Señor májico , muy bien venido. 

For. Tengo que dar á lodos una nueva muy importante. 

Casi. ¿ Cuál ? 

For. Ya son dos los opositores: se presenta uno á competir 
con Mateo. 

Casi. ¿ Y quién es ? 

For. Un m;jgo celebérrimo de quien nadie tiene noticia, 
el doctor Paulino, cuya voz goza de la particularidad mas 
rara que se conoce. 

Cast. Sepámosla. 

For. Es esta. Siempre que el doctor hace un discurso cien- 
tífico... 

Cast. ¿Bostezan los correjidores ? 

For. No ; pero los maridos que tienen partícipes legos y los 
solteros y mujeres hijos de matrimonios trinitarios, unos 
y otros de repente se quedan sordos y no le oyen al doc- 
tor ni siquiera una sílaba. 

Todos. ¡Qué decís! 

Com. Y á los solteros en vísperas de casarse, ¿qué efecto 
les hace la voz del doctor ? 

For. Esos entran en la clase de los casados. 

Com. ¿ Oís, doña Clori ? Es decir que si yo ensordezco, es 
que á de haber trinidad en mi tálamo. 

Cío. ¡Qué insulto! Apartaos de mi presencia, idos de aqui. 

Com. ¿Cómo que me vaya ? ¿Luego si me quedo, teméis que 
me vuelva teniente ? 

Cast. Silencio. Ya se oye la música , y acude á la plaza el 
jentío: acomodémonos á la puerta de casa de mi costu- 
rera Lucía. {Saben y se sientan en la escalera.} 

For. A Dios, señores: yo voy á colocarme junto al nuevo 
candidato. 

Com. Nosotros también , porque esto depende del oído. 



36 

ESCENA VIL 

don turuleque, precedido de alguaciles y del Concejo 
de la villa, jueces y soldados, estudiantes, unos con ví- 
tores y oíros con grandes calabazas huecas llenas de 
cascabeles y fijas en palos, mateo, paulino, fortunio. 
músicos, pueblo. Marcha solemne. Los jueces y el cor- 
rejidor toman asiento en los sitiales que rodean la me- 
sa que está debajo de la lonja. — Los personajes de la 
escena anterior forman dos grupos, las damas en la 
escalera y los caballeros cerca de la lonja. 

Tur. (Hablando con un juez y señalándole á Paulino.) 
Eso, ese es á quien no oyen los maridos in partibus infide- 
liurn. 

Corn. (A Badana.) En efecto, ese hombre no es como los 
demás. 

Tur. El señor nos la depare, buena. {Toca la campanilla.) 
Se principia el acto. Opositor número uno. 

Mat. Maleo Pico. 

Tur. Tenéis la palabra. 

Mat. (Declamando.) Respetables oyenles : trátase de pro- 
bar por los movimientos é influjo de las estrellas si es ó 
no probable la antigua y controvertida profecía sobre la 
suerte de las Batuecas: á sabir, que un dia desaparecería 
de esle país su cultura; no quedaría rastro de sus edifi- 
cios ; y los pocos habitantes que sobrevivieran á tan las- 
timosa catástrofe, volverían á un estado de rusticidad 
próximo á la barbarie. Tal es la profecía , y todo el te- 
nor de mi discurso será manifestar que la tengo por cier- 
ta y por infalible. 

Muchos. ¡ Por cierta ! 

Mat. Que está próxima á verificarse... 

Todos. jQué horror! 

Mat. Y que el modo de su realización será estraordinario y 
secreto, porque poblado y engrandecido este pais man- 
camente, májicamente también dejará de existir como 
existe. 

Dad. A este bien se le oye; pero mas valiera que no. 

Cast. Este hombre va á aterrar á la poblaciou sin dejar bos- 
tezar á nadie. 

Mat. Bien veo que es una triste verdad... 

Gol. (Alzando la voz.) Las verdades tristes no deben decirse. 



3 7 

Mat. Pero no está en mi mano desmentir loque evidencian 
todas las señales celestes. 

For. (Aparte á Paulino.) Habla tú ahora. 

Pau. (Alzando la voz.) Yo me ofrezco á probar lo con- 
trario. 

Bad. ¡Bravo, bravo ! 

Tur. Silencio, señores, no interrumpáis al opositor. 

Gol. Que hable el doctor Paulino. 

Bad. Que calle el doctor Mateo. 

Mat. Señores, reclamo mi derecho. 

Com. Fuera el atrevido. 

-fias. Fuera el embustero. 

Los Estudiantes. Calabazas al doctor Mateo , calabazas. 
(Empinan y ajilan las de los palos.) 

Mat. Basta, señores; dejo expuesto á mi competidor. (Apar- 
te.) Me he perdido. 

Tur. Opositor número dos. 

Pau. Presente. 

Tur. Tenéis la palabra. 

Pau. ¿ha tengo ? pues la suelto. — Correjidor iluslrtsimo, 
doctores sabiondísimos , niñas encantador/simas, oyen- 
tes caballerísimos... 

Muchos. ¡Bravo, bravo! (Dando palmadas.) 

Cast. ¡ Nos ha llamado niñas! (A una dueña.) 

Bad. Esto es hablar con modo. 

Tur. ¡Qué. bien se le oye! Vamos, la correjídora , aunque 
insufrible, no es devota de la trinidad. 

Com. Le oigo perfectamente. ¡ Ay Clori de mis ojos ! 

Pau. Voy á decir en e pocas palabras que la consabida pro- 
fecía es una patraña , y que todo el que la sostenga debe 
ser un gaznápiro. (Palmadas.) 

Cast. (Aparte.) Le oigo muy claro: vamos, mi madre, á 

pesar de las apariencias, fué una santa matrona. 
Pau. Fundaré mi opinión en un testo caldeo. 
Tur. ¡Sabe el caldeo! (Bosteza.) 
Cast. (Aparte.) Mi marido bosteza. 
Pau. Kiriakín kíriakón, chífili-moquiflaque, aneustrangoti- 

zámbites birribárri borribóusan. 
Cast. ¡Qué divertido es el idioma caldeo! (Bosteza.) 
Tur. (Aparte.) Ha bosttzado mi mujer. 
Pau. Entro pues en materia y digo asi. (Jcsticula y mano- 
tea sin hablar : sorpresa general.) 



38 

Tur. {Aparte.) Ya no le oigo. ¡ Canario! ¿qué es esto ? 

Casi. {Aparte.) O él ha bajado la voz, ó me he quedado sorda. 

Damas y caballeros aparte y en voz sumisa. Yo no le 
oigo, yo no le oigo. 

Tur. Me limpiaré los oidos, á ver. Nada: ciertos son los 
toros. 

Com. Nada percibo: ya no me caso; no quiero matrimonio 
de tres. 

Cast. ¡Dios haya perdonado á mi pobre mamá! 

Tur. Disimularé por el honor del pabellón , aunque estoy 
que trino; pero en llegando á casa... ¡Miren con qué ca- 
ra de inocente está escuchando allá la que participa! 

Cast. {Aparte.) Si el sermón de jestos dura mucho, ¡va á 
ser un rato divertido! {Bosteza.) 

Tur. Mi mujer vuelve á bostezar. {Bosteza.) 

Cast. Van dos. 

Gol. {Ap. Aplaudiré para que crean que le oigo.) ¿ Oís qué 
bien se esplica este hombre? 

Bad. Magníficamente. 

Ras. Es un gran discurso. 

Corn. Soberbio. 

Gol. ¡ Qué lójica ! 

Ras. ¡Qué imájenes! 

Bad. ¡Qué lenguaje! 

Cast. ¿Verdad, niñas, que ese hombre es un pico de oro? 
{Bosteza.) 

Tur. Van tres: lodo lo perdono por eso: pronto salgo de la 
maula. {Bosteza.) 

Cast. {Ap. Van tres: de aquí á tres meses soy viuda.) ¡Ví- 
tor el doctor Paulino! 

Todos. ¡Viva, viva, viva! {Los estudiantes enarbolan los 
vítores.) 

Pau. Señoras, señores, señoritas... Continúo. {Jcsticula.) 

Tur. Ese argumento no admite réplica. Es inútil que el opo- 
sitor se moleste. Propongo que se lé mande suspender el 
discurso, y se le confiera el cargo de astrólogo de la villa 
por aclamación. 

Todos. Sí, sí, por aclamación. 

Pau. ínclitos Batuceos , gracias infinitas. 

Mal. Pero ¿ no veis, infelices, que ese hombre se lia bur- 
lado de vuestra credulidad? ¿ no conocéis que no ha pro- 
nunciado palabra ? 



39 

Tur. Yo le he oído. 

Gol. Yo también. 

Bad. Todos le hemos oido. 

Cast. Todos y todas. 

Tur. Si vos nada percibisteis del elocuentísimo discurso del 
doctor, eso prueba que vuestro apellido paterno no os 
pertenece. 

Com. Eso es. 

Tur. Y sois indigno de alternar con personas como noso- 
tros, que tan buen oido tenemos. 

Cast. Nosotros no descendemos de trinitarios. 

Tur. Nosotros no escotamos con partícipes legos. 

Ras. Echarle fuera. 

Gol. Apalearle. 

Bad. Matarle. 

Muchos. ¡Muera! 

Mateo. Protector mió, favoreced me. 

ESCENA VIII. 

SOFRONio, que aparece en un carro aéreo. — dichos. 

Sof. {Haciendo subir d Mateo en el carro.) Ven con- 
migo, yo te liberto. Necios y orgullosos aduladores de la 
ignorancia, sufrid el castigo que merecéis. (Conciérten- 
se los jueces en burros t la mesa en pesebre y la lon- 
ja en cuadra ¡y á todos los batuceos les salen ore- 
jas de asno.) 

Tur. ¿Qué recua se nos lia descolgado aquí? Corchetes, pa- 
lo en esos intrusos. 

Pau. Yo los defiendo. (A los jueces convertidos.) Parta- 
mos el ambigú , compañeros. 

Gol. (Apaleando un burro.) Arre , condenado. 

Bad. Arre, mohíno. (Todos andan á puntapiés con los 
asnos.) 

Clori. ¡Miradle á la cabeza á mi novio! 

Cast. ¡Mirad á mi difunto! 

Pau. Deteneos, escuchadme. 

Tur. (Procurando como los demás ahuyentar á los 
asnos.) No podemos daros oidos. 

Pau. No es por falta de orejas. Echad mano á ellas, señores. 

Todos se tientan las orejas y esclaman á una voz. ¡ Ah ! 
FIN DEL CUADRO SEGUNDO. 




«abro fcraro. 



Cráter de un volcan. 

ESCENA PRIMERA. 

mateo, bajando por el aire, montado en un diablo. 

Baja ya» bestia maldita, 

que aqui es donde yo te guio.— 

Apéame , ó te rocío 

la piel con agua bendita. — 

Con tiento, no dé un vaivén 

y me abra la pia-máter. {Llega al suelo.) 

(troceando.) ¡Ah de adentro! ¿ Es este el cráter 

del Vesubio? 
Dentro una voz de hombre. Sí. 
Mat. Pues bien , 

aquí sobre ese demonio 

que me. sirvió de bagajr», 

con un urjente mensaje 

me envia el mago Sofronio. 
Dentro una voz de mujer , sonando al lado opuesto 
que la primera. 

¿ Quién eres ? 
Mat. Soy su discípulo. 

La voz 1. a Presenta la credencial. 
Mat. Puestos traigo por señal 

su cíngulo y su manípulo. 
Lavozl? ¿Y á quién buscas tú ? 
Mat. ¿No encierra 

gran número este volcan 



Vot i.» 
Mat. 



Voz 2. a 
Mal. 



de gnomos, jen ios que están 
en los huecos de la tierra ? 
Sí. 

¿No hay además aqui 
con los gnomos gran porción 
de salamandras, que son 
los jenios del fuego ? 

Sí. 
Pues, salamandras y gnomos, 
vuestro favor imploramos 
mi maestro y yo. 



¿i 



ESCENA II. 



EL REY DE LOS GNOMOS y LA REINA DE LAS SALAMANDK AS, 

cada cual por su lado, y ambos con numeroso séqui- 
to. — MATEO. 



Rey. Aqui estamos 

todos. 

Reina. Sus amigos somos. 

R e J- ¿ Q u ¿ manda? 

Mat. Pide rendido 

que desde hoy al plenilunio 
de Agosto, contra Fortunio 
y contra su protejido, 
sacudiendo vuestra inercia 
vuestro auxilio le prestéis. — 
El tal Paulino, sabréis 
que gastó orejas de á tercia. 

Reina. Sí, de sus antecedentes 

cargantes nada ignoramos. 

Rey. Pero nosotros gustamos 

de ser, asi, indiferentes. 

Reina. Y á pesar de nuestros vivos 
deseos de que triunféis, 
creo que á mal no llevéis 
que prosigamos pasivos. 

Rey. Con Fortunio en relación 

estamos : no es regular 
el ir por nadie á quebrar 



con él sin ton y sin son. 
Reina. Hechos á esta esfera ardiente, 

dejarla nos desconsuela j 

que al aire libre t nos hiela 

la frialdad del ambiente. 
Rey. Hechos á la lobreguez 

de esta rejion , al pasar 

á la de la luz solar, 

nos ciega su brillantez. 
Reina. Seguid la lucha emprendida 

contra Forlunio, contando 

con que os serviremos cuando 

vaya de capa caida. 
Mat. Si solo entonces habéis 

de ser nuestros valedores, 

lo que es entonces, señores, 

maldita la falta hacéis. 
Rey. Asi, pues, luego tomad 

la cabalgadura vuestra, 

y al buen Sofronio esta muestra 

llevadle de mi amistad. 
Reina. Y la mia: aliada fiel 

y obediente á su precepto, 

haré cuanto quiera, escepto 

incomodarme por él. 
Mat. Todavía no he acabado. 

Reina. Nosotros sí. 

Rey. (Despidiéndose.') Con que, amigo... 

Reina. Dadle memorias. 
Mat. Si digo 

que... 
Rey. De mi parle un recado. 

Mat. Si es que tinieblas y ardores 

queréis, pudierais poneros 

vosotros á cocineros, (A las salamandras.) 

vosotros á minadores, (A los gnomos.) 

y asi de unos y otros yo 

me valdré contra Paulino. 
Rej- ¡Qué sandez! 

Reina. ¡Q"é desatino! 

Mat. ¿ No consentís ? 

Rey y Reina. No. 



43 



Gnomos y Salamandras. No. 
Mal. ¿No? 

Pues con toda la atención {A la reina.) 

que de derecho se os debe, 

Sofronio va á henchir de nieve 

y hielo vuestra mansión. 
Reina. ¡ Qué oigo ! 
Mat. Es duro de testuz , 

y allá en vuestros callejones {Al fe/.) 

va á dar por cien boquerones 

capaz entrada á la luz. 
Rey. ¿ Cómo ? 

Mat. Y á no poder mas, 

en las mas hondas cavernas 

pondrá miles de linternas 

con reverberos de gas. 
Todos. No, no. 
Mat. Con esto no hablo 

mas de mi embajada: estoy 

á los pies vuestros, y voy 

á cabalgar en mi diablo. {Hace que se va.) 
Rey. No, ya que vos tan prudente 

buscáis á Sofronio arrimos, 

nosotros nos decidimos 

por él espontáneamente. 
Reina. Sí, que es una iniquidad 

que ese Paulino os dispute 

vuestra plaza, y que disfrute 

de tanta fama. 
Rey. Es verdad. 

Mat. Gracias. 

Rey. {A los gnomos.) Ya veis con qué medio 

nos sacan de nuestro caos; 

con que, hijos, entusiasmaos, 

ya que no hay otro remedio. 
Reina. {A sus pajes.) 

Denme una cota de mallas. 
Rey. Soldados mios, venid. 

{Empiezan á salir gnomos por todas parles.) 
Mat. ¡ Bien í 

Rey. Vasallos, á la lid. 

Reina. A la pelea, vasallas. 



44 

Rey. Abrámonos á la tierra 

por esos aires camino. 

Reina. Guerra á Fortunio y Paulino. 

Rey J todos, ¡Arma, arma, guerra, guerra! 

(Puéblanse todos los peñascos del cráter de, Gnomos 
y de Salamandras armadas que al son de una mú- 
sica marcial ejecutan un baile.) 



FIN DEL CUADRO TERCERO. 



umwmmmmmmmmmmmmmmmmmmwí 




xxaoxo (navio* 



Vista de una ermita: la embocadura del teatro forma una 
especie de cobertizo abierto , debajo del cual hay dos me- 
sas , una cuadrada y otra redonda, dos sillas y un asien- 
to hecho del tronco de un árbol. A la derecha del espec- 
tador , una escalera arrimada al campanario de la ermita, 
del cual pende la cuerda de la campana. En el fondo un 
monte. 

ESCENA PRIMERA. 



paulino, vestido de ermitaño ó santero con un saco 

verde, don turuleque, mari-castan a y varios criados ó 

pajes , todos de rodillas. 



l'ur. Hermano Paulino... 

Cast. Venerable anacoreta... 

Tur. No nos levantamos sin que nos echéis la bendición. 

Pau. Levantaos, y salios de este recinto; ya os he dicho 
que me comprometéis. 

Tur. No os admiren estas demostraciones, hijas de nues- 
tra justa admiración. Sois el hombre mas sabio y virtuo- 
so de las Batuecas. 

Pau. Maldito lo que me ha costado. 

Cast. ¡Renunciar en vuestro competidor la plaza ganada 
en el certamen ! 

Pau. ¿Qué habia de hacer, si no entiendo jota de astro- 
lojía ? 

Tur. ¡Qué modestia! 

Pau. Si os digo que soy un cuadrúpedo. 

Cast. ¡Qué humildad! ¡qué abnegación! 

Tur. Por tan eminentes prendas, habiendo fallecido el 



46 

ayo de nuestro príncipe Alfonso, se os elijió para reem- 
plazarle. 

Pau. Bien; pero supuesto que por ley fundamental el 
príncipe heredero se ha de criar en esta ermita soli- 
taria, sin ver mas que al santero, su ayo, é ignorando 
completamente que existen mujeres en el mundo, ha- 
cedme el favor de marcharos, an-tes que salga y os vea. 

Tur. No os incomodéis, santo varón: nos iremos. 

Pau. Yo no sé á qué habéis venido vos, {A Mari-Cas- 
tañal) sabiendo que no debo consentir, pena de la vida, 
que penetren las mujeres aqui. 

Tur. Sacamos dispensa. 

Cast. Venía rni marido, y yo no acierto á separarme de 
mi pimpollo» 

Tur. Ni yo de tí, pichona mia. 

Pau. Pues antes no podíais sufriros. 

Tur. Han variado las circunstancias. 

Cast. Ahora mi Turuleque, todo es atenciones conmigo. 

Tur. {Aparte.) Para lo que ha de durar, que viva con- 
tenta. 

Cast. Y lo que es yo... 

Tur. ¡Oh! tú te has vuelto la amabilidad en persona. 

Cast. {Aparte.) Dentro de poco enviudo: ¿quién no es 
amable con tal perspectiva ? 

Pau. Vaya, pues gracias por la visita, y largo de aquí: 
usarcedes por la puerta principal de la cerca, que es á 
este lado; vosotros por allá, por donde entran las ca- 
ballerías. 

Tur. A Dios, hermano Paulino. Vamos, dulce esposa. 

Cast. Marido del alma, cuando tú quieras. {Vánse Turu- 
leque , Castaña j los criados.) 

Pau. Buen viaje , y que ninguno se olvide de cerrar 
los postigos. 

ESCENA II. 

PAULINO. 

Pues, señor, con este empleo me he llevado un chasco so- 
lemne. Me elijieron ayo del príncipe, me echaron enci- 
ma este saco verde que me gusta mucho y parece que es 
el uniforme de oficio; yo acepté persuadido de que vi- 
viendo en el campo podria usar libremente de mis man- 



47 ' 

jares favoritos; y cate usted que Fortunlo, insurreccio- 
nando mi nuevo estómago, me impone la obligación de 
comer ni mas ni menos que los hijos de Eva. Cuando 
veo esos prados, y considero que para mí son la fruta 
vedada... Ello sí, el mago nos proporciona una mesa 
abundante, que cada dia se nos aparece de un modo di- 
verso. — Mi discípulo viene. 

ESCENA III. 

Alfonso, con una jaula de pájaros, paulino. 

Alf. Maese Paulino , maese Paulino. 

Pau. ¿ Qué hay ? 

Alf. Una novedad grandísima. Mirad esta jaula, mirad. 

Pau. Es la jaula de gorriones que os fabricó mi antecesor. 

¿ Qué sucede ? 
Alf. Mi maestro me la dio con dos pájaros dentro... 
Pau. ¿Se os ha perdido alguno? 
Alf. Al contrario: ayer aun no habia mas que dos, y boy 

hay seis. 
Pau. Son cuatro mas. 
Alf. Y esos cuatro ¿de dónde han venido? Chiquirrititos 

son ; pero por entre los mimbres no podían pasar ¿Cómo 

han entrado? ¿ Quién los ba puesto ahí? 
Pau. ¿Cómo han entrado? ¿ Quién los ha puesto? ¿ Sabéis 

vos quién nos entra en la ermita las provisiones que 

todos los dias encontramos á la hora de comer ? 
Alf. No. 
Pau. Pues lo mismo es eso... de una manera diferente.— 

Son misterios de la naturaleza. 
Alf. Toda se vuelve misterios esa señora, y jamás se me 

esplica ninguno. Me tiene esto tan aburrido... Pues ¡y la 

desaparición de vuestro predecesor! ¿Adonde se fué? 
Pau. Os he dicho cien veces que á un viaje muy largo. 

(Aparte.') Dios le tenga en la gloria. 
Alf. ¿ Y por qué no hacemos nosotros ese viaje también ? 
Pau. Lo que es yo no tengo gana de emprenderlo. 
Alf. ¿Dónde habéis estado vos antes que vinierais aqui ? 
Pau. Esa historia está llena de recuerdos muy dolorosos. 

Respetad mi sensibilidad. 
Alf. Nosotros no hemos sido nunca mas que dos : comien- 



48 

do bien, ¿ podriamos con el tiempo aumentarnos hasta 
seis como estos pajarillos? 
Pau. Mientras vos y yo permanezcamos solos, por mas 
que se aumente el volumen de nuestro individuo, nun- 
ca nos podremos dividir en dos ejemplares. — Llevaos, 
llevaos la jaula y dadles de comer á los recienvenidos: 
la hospitalidad sobre todo. (Vase Alfonso haciendo 
piar á los gorriones.) 

ESCENA IV. 

PAULINO. 

Me abruma el principito con sus preguntas, que van siendo 
cada vez mas espinosas. ¡Pues digo, si hubiese visto por 
casualidad á mis visitas de hoy, sobre todo á la señora 
corregidora! Bien que su señoría realmente no pertenece 
al bello sexo. Y otro individuo de él no es fácil que re- 
manezca por un sitio tan áspero y solitario. 

ESCENA V. 

LUCIA. PAULINO. 

Luc. (Dentro.) Subid , subid : aquí hay una casa. (Sale.) 

Pau. ¡Dios nos ampare! ¡ Aqui Lucía! 

Luc. Este será el ermitaño. — Hermanilo, ¿no es este el 
santuario de San Babilés? 

Pau. No, señora, es una legua de aqui. ¿Por dónde habéis 
entrado ? 

Luc. Por la puerta. 

Pau Se la han dejado abierta los otros. ¡Buen cuidado tu- 
vieron ! 

Luc. No os incomodéis. Hemos perdido el camino: servid- 
nos de guia. 

Pau. ¿Con que no venís sola? 

Luc. Somos seis compañeras. 

Pau. ¡Seis muchachas, y como luceros á juzgar por la 
muestra! (Aparte?) ¡Si las columbra el amiguito de la 
jaula! 

Luc. Oídnos, y aconsejadnos qué hermos de hacer. 

Pau. Os aconsejo que toméis el portante sobre la marcha. 



4 9 

Liai. Estamos fatigad ísi mas, nos ahogamos de calor. 

Pau. Es que me esponeis á mí «á padecer otro ahogo: ten- 
go pena de horca si do jo pasar de aquí á mnger alguna. 
Soy el ayo del príncipe. 

Lite. ¿Sois el doctor Paulino? 

Pau. Servidor vuestro si os marcháis pronto. 

Luc. No os conocía. 

Pau. Yo sí á vos, y aun os he prestado algunos servicios. 

Luc. \ Ay ! pues no me acuerdo. 

Pau. Los hice disfrazado. Pero no se trata de eso. Pies 
atrás. 

Luc. Oidme, y con eso me. iré mas pronto. Asi como 
para premiar al astrólogo mas sahio se abrió aquel certa- 
men que vos ganasteis, asi se ha abierto otro para pre- 
miar á la doncella mas virtuosa. 

Pau. Y vos habéis entrado en él, á la cuenta. 

Luc. Yo y otras: Clori, Melisendra, Dulcinea, Marcol- 
fa, &c. Tenemos que presentarnos á examen al anaco- 
reta de San Babilés; hemos venido solas y nos hemos ex- 
traviado. 

Pau. Pero ¿no os acompaña nadie? 

Luc. Nadie¿ porque no podemos hablar con hombre ningu- 
no á escepcion de los hermilaíios, pues si no, perdemos el 
premio. Tened la caridad de instruirnos... 

Pau. Marchad por aqui, torced á la derecha; subid luego 
un repecho dentro de la cerca de esta posesión , abrid 
una puerta de carros, y saldréis á la senda que va á la 
hermita. (Aparte. Alfonso vuelve.) Corred 1 corred. 
{Vasc Lucia.') 

ESCENA. VI. 

AtFONSO. PAULINO. 

Al/. ¿Lo habéis visto? ¿ha pasado por aqui? 

Pau. ¿El qué? 

Alf. Una cosa... una persona... Yo no sé lo que es, n\ qué 
me ha sucedido al verla. Es un bírito grande , parecido á 
nosotros... No, lo que es á vos no se parece, porque es 
una figura muy linda. Tiene unos ojos tan hermosos, 
una carita tan graciosa, unos calzones tan anchos... 
roas que vuestra túnica, mas. El corazón se me iba 
tras ella. 



5o 

Pau. {Aparte.) ¡Buena la hicimos! A alguna de las via- 
jeras La visto. 

Alf. ¿Qué bicho es ese? ¿Cómo se llama? 

Pau. Se llama... {Aparte. Algo he de decirle.) Esa, queri- 
do Alfonso... es una casia de pájaros. 

Alf. ¡Pájaros! ¡Qué pájaros tan gordos! 

Pau. Los hay tremendos. 

Alf. ¿Y qué nombre, tienen? 

Pau. Cigüeñas. {En este momento aparece Lucia subien- 
do el monte.) 

Alf. ¡Mirad allí una, mirad qué bonita es! Yo quiero una 
cigüeña, yo quiero una. 

Pau. Os, os allá. {Lucia acaba de pasar y se oculta.) 

Alf. ¿ Por qué me la habéis espantado? 

Pau. Es un avechucho traidor: es ave de rapiña. 

Alf. A mí me había parecido ave de paso. 

Pau. También: por eso ha pasado tan lista. 

Alf. Pues yo creo que es fácil de cojer. 

Pau. ¿Una de esas? Ya es obra pillarla. 

Alf. Si no vuelan. 

Pau. ¡Huy! se escurren como azogue de entre las manos: 
son mas esquivas que un demonio. Jamás he podido yo 
domesticar ni una siquiera. 

Alf. Ya, empezaríais á decirla como ahora: «Os, allá.'^ 
De ese modo... No, pues yo no me he de quedar sin ca- 
zar mi cigüeña. 

Pau. Alfonso, deteneos. 

Alf. A mí no me detiene nadie cuando tengo un capricho. 
Voy á buscar una red de pájaros. {Vase.) 

ESCENA VIL 

paulino, y luego Alfonso, dentro. 

Pau. Mientras busca la red, las cigüeñas habrán volado.— 
¡Cigüeñas! Pensamiento brillante ha sido el de darle ci- 
güeña por mujer. {Sintiendo ruido.) ¿Qué es eso? ¿An- 
da por ahí otra opositora? En todas partes se me antoja 
ver moños y faldas. 

Alf. {Dentro.) Señor maestro, señor maestro... 

Pau. Llama cuanto quieras; voy á cerrar la puerta prin- 
cipal. {Fase.) 



5i 
ESCENA VIH. 

tncí A , que sale envuelta en una red huyendo de Alfon- 
so , que trae asidos los estreñios de la red haciendo por 
contener á lucia. 

Alf. Señor maestro, ya pillé la cigüeña ; ya la cojí. — Por 
mas que corras, no te me escapas, no. 

Luc. (Aparte procurando desembarazarse de la red.) Si 
hablo, voy á perder el premio; si callo, ¿q"é será de mí? 

Alf. Quieto, bicho picaro, quicio. 

Luc. (Aparte?) Me. llama bicho, me llama cigüeña: sin du- 
da nunca ha visto mujeres. 

Alf. Es menester alarla para que no eche á correr. 

Luc. (Aparte.} ¡Quiere atarme! A ver si por señas me 
entiende. (Se pone de rodillas con las manos cruza- 
das sobre el pecho , y dirije á Alfonso una mirada 
corno de quien pide merced.) 

Alf. Se hinca de rodillas; parece que me ruega que no la 
maltrate. ¡ Qué asustadilla está! Vaya, no tengas mie- 
do, que no trato de hacerte daño. (Lucia ejecuta la pan- 
tomima que indican las razones de Alfonso.') ¿ Quie- 
res que le saque de la red? — ¡Calla ! parece que entien- 
de loque se le dice. — ¿Echarás á volar si te saco? — 
Dice que no: es verdad, si no tiene alas. — ¿Harás lo 
que yo te mande? — Dice que sí. Veámoslo. (La desen- 
reda y la va llamando con la mano, haciéndole dar 
una vuelta por el teatro.') Pitita, pitita, bs , bs, bs; 
ven por aquí. ¡Me sigue! Bs , bs , ven por acá. ¡Me si- 
gue á cualquier lado! Ponte en esta silla. ¡Se sienta co- 
mo una persona! Dame la patita. (Lucía leda la ma- 
no.) ¡Es una mano por el estilo de la mia ; pero mas 
mona, mas blanca, mas suavecita. Y no tiene garras: 
no puede ser ave de rapiña. ¿Verdad que no haces da- 
ño ? — No, si es imposible; tampoco tiene pico. Picota- 
zos de esa boca no dolerían mucho. ¿Si cantará? — ¿No? 
No importa, yo te ensenaré, yo te cuidaré, yo te quer- 
ré tanto, chocorrotita mia ; te tendré en mi habitación 
en una jaulita muy cuca. — ¿No te acomoda eso? Pues 
bien, estarás donde quieras. ¿Tienes hambre? ¿quieres 
alpiste? — ¿quieres sopa envino? — ¿Tienes sed? ¿Que 
sí? ¡Pobrecita! Voy corriendo por un bebedero, (f^ase.) 



ESCENA IX. 

LUCÍA, y luego CLOKÍ^ MEUSENDR.A, DULCINEA, MARCOLFA y 

otra joven, por la derecha del espectador.—- Después 

ALFONSO. 

Luc. ¡ Ah! esta es la ocasión de librarme. 

Clori. Aquí está , aqui eslá. 

Luc. Retroceded: hay aqui un joven que cree <juc las mu- 
jeres somos cigüeñas. 

Mel. ¡Qué insulto! 

JDul. ¿Cuándo liemos estado menos picudas? 

Luc. Nos quiere enjaular y darnos alpiste. 

Alare. ¡ Qué picardía! 

Alf. ( Saliendo con un jarro y una taza.) ¡ Huy! ¡qué ban- 
dada! ¡Seis cigüeñas! ¡Seis! 

Luc. Miradle. 

Alf. Yo las quiero todas: aqui de la red. 

Luc. Qim va á cojernos: huyamos. 

Las damas. ¡ Huyamos! ¡ Ih ! {Vanse dando chillidos.) 

Alf. ¡Cigüeñas que hablan! ¡qué suslo ! ¡ah! {Huye tam- 
bién.) 

ESCENA X. 

PAULINO. 

¿Qué alaridos son estos? {Mirando hacia el lado por 
donde huyeron las damas.) ¡Toma, loma! mientras cer- 
raba yo la puerta principal se habia encajado toda la ci— 
güeñería por la otra: ambas quedaron abiertas. Ya salen, 
y cierran, llevándose la llave para que no las persigan. 
Bien: id, diablejos tentadores, y no volváis á perturbar 
a mi discípulo. Las preguntas que me hará luego, ten- 
drán que ver. ¿Por qué rne habrán clejido para su ayo 
á mí? Ya: poique para mantenerle en la ignorancia , nin- 
guno mejor que el qué nada sabe. Sobre que ya me va 
fastidiando este fortuno» inmerecido que me asiste. Yo 
paso por un portento de sabiduría, y soy un zote ; pa- 
so por un milagro de virtud, y jamás he pensado sino 
en mi conveniencia: esto es vergonzoso. ¡Canario! ya 
que tengo esa fama, quiero merecerla. {Un trueno.) ¿Eh? 
Truena sin haber nubes. Pues corno digo, quiero ser sa- 



53 

l>ío y virrioso de veras. {Truena.) ¿Otro mas gordo? 
Me va mirando aprensión de que esos truenos son alu- 
siones á mi persona. No, pues yo no soy culpable; si 
han puesto el pié dentro de clausura esas muchachue- 
Ls, ha sido sin mi consentimiento: no se me puede exi- 
jir la responsabilidad. Para desechar el susto, veamos 
si han traído la comida, (fase.') 

ESCENA XI. 

sofrotuo , apareciendo de un modo mdjico. 

Caiste en mi poder. Tu protector no tardará en abando- 
narte por ese pensamiento: para malquistarse con Ja 
fortuna, no hay como hacerse digno de tenerla. Llegó 
el caso de que principien á obrar los gnomos, y las sa- 
lamandras. (Desaparece, y se oa oscureciendo el tea- 
tro con todos los indicios de una gran tempestad.) 

ESCENA XII. 

PAULINO , trayendo una cacerola y una calabaza. AL- 
FONSO, dentro. 

Pau. Mal se prepara hoy la bucólica: no he podido encon- 
trar mas que esto. (Llegándose á una puerta.) Alfon- 
so, Alfonsico, ya es hora de refectorio. 

Alf. (Dentro.) Tengo mal humor porque se me ha esca- 
pado la caza: no quiero comer. 

Pau. Eh, animaos: venid. 

Alf. (Dentro.) No: estoy entretenido en dibujar en la pa- 
red : quiero pintar la cigüeña. 

Pau. ¡Bueno ! Píntala, hijo, píntala : comeré yo solo: asi 
como asi, la ración no es grande, y tengo una gazuza 
que me clareo. (Se sienta á una mesa cuadrada.) 
Humedezcamos el paladar. (Mientras empina la cala- 
baza , la mesa se le pasa deiras.) j Oiga ! ¡se ha mo- 
vilizado la mesa! (Se levanta y coje la cacerola.) Pues 
que vaya donde guste : cojo la pitanza y me marcho yo 
también á otra parte con la música. Esta mesa, que 
es mas pesada, no se moverá: digo, ¡una rueda es de 
molino! (Pone la cacerola en la mesa redonda, la 



54 

cual empieza d girar.) ¡Eh, eh ! ¡alto! ¡ No tiene mal 
modo de dar vueltas! (Corriendo al rededor de la me- 
sa sin poder asir la cacerola.) Se le figura sin duda 
que está moliendo... y el molido soy yo. Es tontería, no 
la puedo cojer. ¡ Ay! me he rebentado. (Se sienta en un 
pedazo de tronco de árbol colocado en posición ver~ 
tical , y el asiento va subiendo hasta ponerá Pauli- 
no de pié.) ¡Ay! ¡ay! que me empujan por el cruza- 
dero del ataharre. ¡Señor! ¿ ni aun me dejarán sentado? 
(Sale de enrnedio del tronco una figura fea.) ¿Ahí 
estaba usarcé, camarada? Hombre , yo no sabia que fue- 
se upé inquilino de esa casa. A Dios, buen mozo. — No, 
pues yo no he de ayunar hoy : tocaré a rebato la cam- 
pana de la ermita para que venga je ii te de la aldea 
vecina , y pueda pedirles algo. Con la tempestad , qui- 
zá no se atrevan á salir; pero por sí ó por no, probe- 
mos. (Ka á locar y y seje rompe la cuerda de la cam- 
pana.) Se me rompió el cordel ; subiré por la escaJera 
para tirar del pedazo que cuelga. (Cuando va á poner 
el pié en el primer cucalón , se retira este ; cuando 
aparta el pié , aparece el escalón otra vez.) ¿Subir, eh? 
Pronto lo dije. ¡Pues no se me ha escondido el primer 
escalón! No, ya pareció. Vuelta á retirarse. ¿Otra vez? 
¡Cuidado con la broma J-Grae ¡as á Dios que paró: suba- 
mos. (Sube unos cuantos escalones , y de repente se le 
hunden todos y queda de pié en el suelo.) ¡Por vida! 
Me serviré de una silla. (Se le hunde el asiento.) Tan- 
to andamos como corremos. A ver la otra. (5c recoje y 
desaparece.) Esta se aplastó. Pero, señor Fort unió, ¿qué 
modo de pajear es este ? Usarced me prometió tenerme 
en esta ermita á mesa y mantel si enseñaba al príncipe 
á ser tonto, porque parece que es requisito indispensable 
para ser afortunado: yo cumplo con mi obligación: há- 
game ucé el favor de cumplir la suya. (Unos gigantes 
levantan en peso el monte que hay al foro , y detras 
se descubre una cocina y una mesa ricamente ser- 
vida y rodeada por el rey de los gnomos y varios 
de estos en traje de criados y cocineros.} 



55 
ESCENA XIII. 

EL REY DE LOS GNOMOS. VARIOS GNOMOS. — PAULINO. 

Pau. ¡Hola! parece que ha hecho efecto la reclamación. 
Aquella mesa es opípara, y hoy tenemos qnien sirva. Muy 
bien. Pero ¡qué gigantones, Dios mió! Ya se ve, para 
levantar un cerro eu vilo... Se me está haciendo la boca 
un agua; pero esos jayanes me asustan y no me atrevo 
á llegar allí, no sea que me pongan el monte por mon- 
tera. ¡Eh! mocitos, (A los criados.) haced el favor de 
traer eso acá. 

El Rey. Está lloviendo. 

Pau. Por eso lo digo: mas vale que. os mojéis vosotros que 
yo. Y al cabo, eso es para mí. 

Rey. Lo verás ; pero no lo catarás. 

Pau. ¿ No? ¿ Pues para quien es ? 

Rey. Para el príncipe. 

Pau. ¿Para Alfonso? ¿ Y para mí, caramba ? 

Rey. Para tí... esto. (Le présenla un rábano.) 

Pau. ¿Para mí un rábano? Ahora lo veremos. (Abalán- 
zase hacia la mesa; los criados tornan la forma de 
gnomos.) 

Rey. Sujetarle. (Los gnomos se apoderan de Paulino.) 

Pau. Condenados, ¿qué vais á hacer conmigo? 

Rey. Ensartarte en uii asador, miserable. 

Pau. ¡Socorro, socorro! (Pénenle y danle vueltas en el 
asador.) 



FIN DEL CUADRO CUARTO. 




uabro ()tttnf0. 



Paisaje amenísirao que representa las cercanías de un pueblo. 
Tiendas ó barracas de vendedores, arrimadas á los árboles; 
puestos de frutas , bebidas y golosinas : bacía el medio del 
teatro restos de un humilladero destrozado, con subida á 
derecha é izquierda: delante, de él bancos; á un lado del 
teatro un horno de bollos. Mas cerca del proscenio , á un 
lado y otro , pilas de cajones que forman unas como gra- 
das ó asientos. 



ESCENA PRIMERA. 

SOFRONio, en traje de horchatero j con garrafa á la 
espalda; el rey de los gnomos, de bollero; Id reina de 
las salamandras, de vendedora de tostones ; un gnomo, 
de buñolero ; otuo (que será un muchacho J, de melero; 
una salamandra , de frutera. Otros va/ios vendedores. 

CLORI, DULCINEA, MELI$ENDRA J MARCOLFA , Sentadas en Utt 

banco comiendo dulces, jente del pueblo, paseándose. 

Sof. Horchatero. 

Reina. Torraos y pasas, torraos y pasas. 

Frutera. Garrafales guindas, garrafales. 

Melero. A la rica miel. 

Buñol. A cuarto la docena de buñuelos, á cuarto. 

Rey. Al buen bollo fino y rico: pastelillos de crema, sus- 
piros de monja, tortitas de pastallor. 

Dtilc. Mucha gen le va á venir á la romería de San Ba- 
Lilés. 

Mar. El baile creo que va á ser magnífico. 

Clori. Gracias á Dios que pasó el tiempo de la oposición y 
podemos divertirnos. 

Sof, ¿ Qui re fres ? 



s 7 

Ilcjr* Nadir nos llama ; parece que conocen que somos 
vendedores supuestos. 

Sof. Asi podremos burlarnos de Paulino cuando se pre- 
sente. 

Mel. ¿ Quién se llevará el premio de virtud al cabo ? 

JDulc. Como ha habido trampa en los informes de algunas 
opositoras , ha sorprendido la adjudicación el concejo. 

Sof. Horchata de chufas , horchatero. 

ESCENA II. 

1-üCia, sirviendo de lazarillo d un joven ciego. — menos. 

Ciego. {Pregonando.) El papel que ha salido nuevo. — Re- 
lación y curioso romance en que da cuenta y declara las 
causas y motivos porque ha sido depuesto el astrólogo 
de la villa: — con el nombre y apellido del reo, y el de- 
lito que ha cometido. En dos blancas, en dos. 

Luc. Por Dios , León , no pregones asi , que pensará todo 
el mundo que se trata de un gran delincuente. 

León. Hermana Lucía, por eso lo bago: compren el papel, 
que allá verán lo que contiene. 

Luc. ¿Y porqué vendes ese papel tú ? Maleo , mediante 
Dios, un día será tu cuñado: debias mirar esto. 

León. Un ciego no puede mirar nada. 

Clori. ¿ No es Lucía aquella ? 

Mel. Sí, Lucía la eslranjera es. 

Marc. Llamémosla. 

Hule, j Lucía ! 

León. ¿ No oyes que nos llaman ? Da tú el romance y 
yo cobraré. 

Luc. Señoras mías... 

Clori. ¿ Qué mudanza es esta , mujer ? 

JLuc Que con salir de la villa para la oposición perdí mis 
parroquianas, y después nadie me ha dado labor ; de ma- 
nera que he tenido que ponerme á lazarillo de mi her- 
mano. 

Mel. Ya se ve; las competencias de virtud no son para 
pobres. 

León. ¿ Cuántos romances quieren vuesasmercede.s ? 

Mel. Somos hijas de familia; no tenemos dinero sino para 
dulces. 



58 

Ditlc. Con todo, algo se ha de hacer por nna compañera. 
Vele por mi casa los sábados , que es cuando mi ma- 
má da limosna. 

Mar. En casa es los marles. 

Lúe. Gracias. 

Mcl. Mi criada se pone malifa cuando friega los suelos: 
si quisieras tú encargarte de esa faena... 

Lite. Yo... bien. 

Clori. También podias jabonar y peinar á mi perra de 
aguas : es ocho veces al mes. 

Lúe. Bueno. 

Clori. Pues quedamos en eso : á Dios. {Aparte á Jas otras.') 
Chicas, vamonos Y que no debemos rozarnos con la po- 
bretería, (léanse.) 

León. ¿ Sabes que tienes unas amigas muy generosas? 

Lite. Animo y confianza en Dios. 

ESCENA III. 

mateo > con un eajon de figuras de yeso.— -dichos, me- 
nos las cuatro damas. 

Mat. ¿ Compri figure bonite é barate? 

Lite. ;Es Mateo! 

León. En dos blancas , el papel que ha salido nuevo. 

Mat. ¡ El hermano de Lucía! ¡Mi Lucía! (Acércase.) 

Luc. ¡Mateo! 

Sof. Horchatero. 

Mat. ¡También Sofronio! 

Luc. ¿Cómo te atreves á venir aquí? ¿No te han desterra- 
do? ¿no te han confinado en la dehesa de Jurde ? 

JÍÍat. Nadie me conoce con este disfraz. He querido ver á 
mi Lucía. 

Sof. No temáis; yo estoy aqui para favorecerle. (El rey y 
la reina se acercan á Lucia y Maleo.) 

Rey. Y yo con mis subditos. 

Reina. Y yo. 

Sof. Es preciso vengarnos de Fort unió en su prolejido el 
ermitaño, que viene hoy aqui á predicar. 

Luc. ¿Qué gusto halláis en vengaros ? ¿qué bien os resulta 
del mal del prójimo? ¿ No es mas dulce perdonar las in- 
jurias ? 



5 9 

Mat. No: ya estoy harto de ser sabio para hacer el tonto: 
¡mira lo que he ganado con desempeñar bien mi cargo 
de astrólogo! A todo el que me consultaba sobre su suer- 
te , le decia la verdad , pronosticándole bienes y males: 
asi ninguno quedaba contento, y me han echado de la 
Alberca por enemigo del género humano. Desde hoy, á 
engañar y perjudicar á lodo el mundo : haz daño y te 
harán lugar, dice el proverbio. 

Luc. Quítate de delante si piensas de ese modo. 

Mat. Lucía... 

Luc. Apártale, te digo , y no vuelvas á pensar en mí. 

Sof. Ven conmigo, Mateo. Nosotros tenemos que ponernos 
de inferencia. Lucía se aplacará después y mudará de 
dictamen. 

Luc. Yo nunca. {F'anse Mateo y Sofranio.) Mi conducta 
será siempre igualmente honrada. 

León. Principio muy saludable, para después de comer.— 
¿Quién compra el romance de San Babilés? En dos blancas. 

ESCENA IV. 

ALFONSO. LUCÍA. LEÓN. VENDEDORES. PUEBLO. 

Alf. \ Qué asombro ! ¡ qué grande es el mundo ! Ya hace me- 
dia hora que voy corriendo, y todavía no le veo el fin. 
¡ Cuántos hombres ? ¡ Qué de cigüeñas ! Y ninguna se me- 
te conmigo. 

L,uc. León, vamos por otro lado.— ¡ Cielos! ¡qué veo! 

Alf. ¡ Mi cigüeña! ¡Ah traidora! Esta vez no te me esca- 
parás: ya no me asusto de que hables. 

Luc. Dejadme. 

León. ¿Quién llama cigüeña á mi hermana? Si le atizo un 
palo... 

Luc. No te incomodes : es el joven que te dije. 

Alf. Si señor, soy Alfonso, soy su cazador, que me he es- 
capado para buscarla , que no acierto á vivir sin ella. 

Luc. Habéis hecho muy mal en huir de vuestro retiro: vol- 
veos á él. 

Alf. Acompáñame tú, y me marcho al instante. 

León. No le está bien eso á una mujer. 

Alf. ¿Con que tú eres una mujer? ¿Y todas las que se 
parecen á tí son mujeres ? 



6o 

Luc. Si, Alfonso. 

Alf. Pues en el inundo las mujeres sois lo mejor que yo he 
visto. 

Luc. Son las compañeras de los hombres, y han nacido pa- 
ra amarlos y ser amadas. 

Alf. Eso es verdad, porque yo te amé desde que te vi. 

León. De las mujeres nacen los hombres... y las mujeres. 

Alf. ¿ Los hombres ? ¡ Qué mentira! ¿ Acaso he nacido de 
alguna mujer yo? 

Lean. ¿ Pues de quién ? 

Alf. Pero, tonto, si yo hubiese nacido alguna vez, ¿no 
me acordaria ? ¿O puede nacer uno sin hallarse presen-, 
te ? — Mira, deja á ese necio y vente conmigo. 

León. Mi hermana no se apartará de mí sino para ca- 
sarse. 

Alf. ¿ Y qué es casarse ? 

Luc. Tener marido. 

Alf ¿Y qué animal es el marido? ¿Es alguna ave noc- 
turna ? 

Luc. Es un hombre que quiere á una mujer y la viste ri- 
camente; y la lleva á la iglesia y luego á su casa , y hay 
alli un, gran banquete y baile y qué sé yo qué tinas. 

Alf. Yo no comprendo esa barabúnda. — ¿Pudiera yo ser 
marido tuyo ? 

León. Necesitabais primero ser su amante. 

Alf. Lo de amante lo comprendo mejor y me gusta mas. 
¿ Quieres que sea yo tu amante ? 

Luc. Yo tengo amante ya, y jamás tendré otro. (Vase jr 
Lcon con ella.) 

Alf. Me ha dejado inmóvil como una piedra. ¿Quién es tu 
amante, quién ? 

ESCENA V4. 

MATEO. — ALFONSO. VENDEDORES. 

Mat. (Saliendo.) II figurero. — Yo soy su amante, yo. 

Alf. ¿Con esa facha de mochuelo? Imposible. 

Mat. Os digo que sí. 

Alf. Te aconsejo que no Jo repitas; Yo tengo en m¡ ermita 
uu perrillo dogo mtiy feo, igual á tí; y cuando estoy en- 
fadado como ahora, del primer puntapié que le arrimo... 

Mat. Eso es insultarme. 



Gi 

Alf. Eso os decirle que no puedo sufrir que te ame la que 
amo yo , por lo cual voy á hartarte de mojicones. 

Mat. {Dejando su tienda.} Lo veremos, señor mió. 

Alf. Lo verás; y para que lo vea bien lodo el mundo, pon- 
gámonos en alto. 

Mal. {Señalando al humilladero.} Allí si gustáis. 

Alf. Alli, sí por cierto. 

Ileina. Eh, señores, miren lo que hacen. 

Mal. Dejadnos á los dos. 

Rey. Vaya , mantengámonos neutrales. 

Alf. {Subiendo al humilladero.} Yo te prometo... 

Mat. {Subiendo también.) Yo os aseguro... 

ESCENA VIL 
fortunio , de aceitunero. — dichos. 

For. {Dentro.} Esas son niñadas. 

Alf y Mat. ¡Ah! {Se hunden hasta cierta profundidad 
y giran quedando de espaldas uno á otro , en cu- 
ya disposición se levantan detras del Jmmilladero 
dos enormes pasiegas , que se los llevan en los ca- 
nastos como d dos criaturas de pecho , quedándose 
ambos con gorrita y vestido blanco de niños.} 
^For. El uno á su ermita, y al otro dejadle ahí cerca para 
que conspire contra mí cuanto guste. Ya que todos se 
disfrazan , para divertirse, yo entro también en la mo- 
da. — Acituniro. {P'asc.} 

Voces dentro. El ermitaño, el ermitaño. 

Rey. Él nos pagará esta burla. 

ESCENA VIH. 

PAULINO. DON TURULEQUE. SOFR0NI0. LAS DAMAS. PUEBLO. — 
EL REY. LA REINA. VENDEDORES. 

Unos, ¡ Viva el ermitaño! 

Otros. ¡Viva el astrólogo! 

Pau. Gracias, ciudadanos Ba tuecos. 

Tur. Sentaos, que vendréis cansado. 

Pau. Alguna cosa; he corrido tanto antes de llegar aquí... 

Figuraos qiu> el príncipe se me habia escapado. 
Tur. ¡Hola! ¿hace ya escapatorias S. A...? 



6a 

Pau. Sí; pero ya he vislo que Forlunio le envía á casa. 

Tur. Mucho rae alegro de veros, porque sola vuestra sabi- 
duría puede sacar al concejo de la capital de un apuro. 

Pau. ¿Escasea el grano? 

Tur. Es cosa muy distinta. La villa da en ciertas épocas 
un premio de virtud á la muchacha que mejor lo me- 
rece, cuyo premio es un dote cuantioso. 

Pau. Ya sé. 

Tur. Se han descubierto este año tales embrollos en los es- 
pedientes de ciertas opositoras, que el concejo no halla 
forma de conocer la verdad. 

Pau. Ya: ¿qué entiende el concejo de virtudes de doncellas? 

Tur. Se consultó con ese bárbaro de astrólogo á quien ce- 
disteis la plaza, y saltó con una sandez como suya. 

Pau. ¿ Cuál fué ? 

Tur. Dijo que no había mas que traer un cántaro de agua 
de la fuente de la verdad, hacer que bebieran las oposi- 
toras , y preguntarlas. Figuraos que para llegar al valle 
donde está la dichosa fuente hay que atravesar un sub- 
terráneo, donde á escepcion de los tres magos custodios 
del país, todo hombre nacido que entra, se muere. 

Pau. ¿Todo hombre nacido? 

Tur. Como que es un encanto que se hizo para impedir las 
emigraciones. 

Pau. (s4p. Si el encanto se hizo para hombres nacidos, yo 
estoy exento, porque no nací hombre.) Señor don corre- 
gidor Turuleque, no tengáis cuidado: mandad que ma- 
ñana se reúnan las opositoras y el concejo á orillas del 
mar imajinario, y yo descubriré quién merece el premio. 

Tur. No esperaba yo menos de vos. 

Pau. Dejadme ahora repasar mi sermón. 

Tur. Voy á ver cómo estamos de baile. (J^ase.) 

Pau. Mi sermón he dicho, v es verdad: yo lo he compues- 
to; yo quiero justificar mi fama. La falta de memoria es 
lo que me aburre: casi estoy en ayunas por conservar 
la cabeza fresca. 

So/. Horchata de chufes: horchatero. 

Pau. Si me luzco esta vez, no será con gestos. 

So/. Mosen Paulí, r ¿ no refrés ? Estará silocat su mersé. 

Pau. Tomaré uu vaso para limpiar la garganta. (Salía de 
la garrafa de So/ronio un serpenton que se le agar- 
ra al cuello d Paulino: este ¡iuje } j la serpiente se 



63 

alarga estraordinariamcntc.) Os, maldito bicho: suel- 
ta , suelta. Echadle sal á esta sanguijuela. {La serpiente 
se i eco je dentro de la garrafa.} 

Sof. ¡Qué! si tot no val res. ¿Ve como el animalito se fea. 
vengut á su casa? 

Pau. Ya le diré yo al corre jidor que te mande tener la gar- 
rafa limpia de sabandijas. 

Reina. Hermano Paulino, deje al vaíensiá y tome un pu- 
ñadito de torraos y pasas. 

Pau. En círcto: las pasas despiertan la memoria. {Delante 
de la cesta hay una piedra á flor del suelo ; pone 
Paulino los pies encima de la piedra <, y esta le lleva, 
lejos de la cesta dos ó ¿res veces.) ¡ Demonio i 

Buñol. Un buñuelito, hermano. {Le acerca la vara ^ y los 
buñuelos disparan ¿iros.) ¡Buñuelos de artillería! nun- 
ca los habia visto. 

Rey. Aqui, hermano: unas yemas, un pastelillo. 

Pau. Eh, estarán resecos y llenos de polvo. 

Rey. Pues cojedlos del horno vos mismo. 

Pau. A ver qué tales son. {Destapa el hornos asomase 
un perro y le ladra.) \ Chucho! A buena parte iba.: bus- 
caba yo pasteles en cama de galgos. 

Melero. D.je esa mala gente, padre: pruebe el arrope que 
i«e ha quedado. {Dale una olla.) 

Pau. Tú pareces menos peor que esía„. {Empina la olla 
para beber.) que esta íaruiliota. 

Sof. ¿Cómo, familiota? {Le da un golpe en la olla^ y 
se la mete á Paulino hasta los hombros.) 

ESCENA IX. 

MATEO. — DICHOS. Luego F0R.TUNIO. 

Mal. ¿ Qué es lo que pasa aqui ? Orden : nadie se meta con 

el santero. 
Sof. El es el que está metido en la olla. 
Mal. Quitársela: ¡vaya un modo de tratarle! Hermano, 

haced aqui una plática á esa gente burlona. 
Pau. Sí que la haré: y con su sal y pimienta. 
Sof. y el Rey. ¡Bah, bah, bah! 

Mat. Y yo os ayudaré. Subios encima de esos cajones. 
Pau. Los he de poner como trapos. {Súbcnsc.) 
For. {Aparte saliendo. Estemos á la mira.) ¡Acituniroí 



u 

Pau. Silencio, que voy á robu... á reprender á esta jen te- 
cilla. 

Sof. {Aparte al rey.) Varaos á divertirnos con él. 

For. {Aparte.) Y yo con vuestro protejido. 

Pau. Escuchadme, canalla estúpida. 

Mat. Y á mí también me habéis de escuchar. 

Sof. {Aparte.) Voy á ponerle tartamudo. 

For. {Aparte.) Voy á hacer tartamudear á Maleo. 

Pau. Es la mama., mamayor picacacacardia... 

Mat. Sí se. ..ñoño ñoñoñor. 

Pau. Yo nono no soy ñoñoñoño , seo burburburburrolon. 

Mat. U...Ucé es qui quien se buburladede de mímimico co- 
como se ve. 

Pau. El él él titi titienc cacacacara de mímico, por por 
por mas que lo lo lo lococococo componga. 

Mat. Haga, gaga galotolo...do lo poposible por por porno re..¿ 
remedarme, que que que me me menfado. 

Pau. Digogole le le lelololo mis mismo momono no le le le 
rom papa la grgegeta. 

Mat. Ucé dedebebebebebe tener la la la lengua llellellena de 
de guiguiguí jajá. ..jarros. 

Pau. Ucé dedebebebebe de te tener por lert gua, gua gua guan 
guarnía imanana mamario de mo mo momortero. 

Mat. ¡Vavavaya un un un preprepredicadicador ! 

Pau. ¡Vavavaya u...u...una figugugura de tala tapizí 

Mat. ¡Ah , ah, ah! 

Pau. ¡ Ah , ah , ah! 

Todos. ¡Ah, ah, ah! 

{Muertos de risa Paulino y Mateo se dejan caer sen- 
tados sobre los cajones y se echan la capucha sobre 
la cara , permaneciendo inmóviles. Suena música 
dentro.) 

Voces dentro. Al baile , al baile. 

Clori. Chicas, á bailar. 

Di de. Vamos al baile. 

•Mcl. Vamos todas. {Fanse.) 

Sof. Seor ermitaño, al baile. 

For. Seor santi-honili, al baile. 

Sof. Se ha quedado dormido. ¡Eh! (Sube á despertarle.) 

For. (A Mateo.) ¡ Eh, camarada! {Le alza la capucha y 
en lugar de la cabeza de Mateo se ve una ridicula 
figura chinesca : otro tanto sucede con Paulino.) ¡ Ga- 



.65 

lia! ¿ Te ha convertido Sofronio en bamboche? (El sw- 
plente de Mateo hace con la cabeza señal de que si.) 
Sof. ¿ No has podido evitar que Fortunio te trueque en fi- 
gura chinesca? 

(El sapiente de Paulino dice con la cabeza que no.) 
For. Dejémosle descansar mientras dura el baile. (Vase.) 
Sof. Le dejo y me voy al baile también. (Vase.) 
Rey. (A la reina.) Cuida tú del horno, Colasa , que me 

voy al baile. (Va se.) 
Reina. (Al buñolero.) Cuida tú de mi hacienda, Pedro, 

que quiero bailar. (Vase.) 
Buuol. (A la frutera.) Cuida tú de esto, Inés. (Vase.) 
Prut* (Al melero.) Cuida tú de todo, Juan. (Vase.) 
Melero. ( Dirijiéndose al suplente de Mateo.) Domingui- 
llo, ¿cuidarás tú de esto ? 

(La figura mueve la cabeza en señal afirmativa.) 
Melero, (Al suplente de Paulino.) ¿Te marcharás tú de 
aqui ? 

(La figura mueve la cabeza en señal negativa) 
Melero. Yo también voy al baile. (Vase.) 
Voces dentro. Todo el mundo al baile. 

(Una bandada de aves de todos tamaños , entre ta$ 
cuales hay urracas y loros , cruzan el aire diciendo 
KK allá vamos. " Las mesas, bancos, cestas y de- 
más trastos echan también á andar unos tras otros. 
Un cubeto de escabeche que va el último , se impa- 
cienta de la flema de los que le preceden , los arrea v 
da media vuelta , mostrando un letrero que dice : KK id 
mas aprisa, yy y al fin, desplega un par de alas 
y echa á volar. Los cajones sobre que están las 
figuras también se ponen en movimiento, y hasta un 
árbol seco se deja caer de 'costado y se arranca: 
dos raices y dos ramas le sirven de pies y de ma- 
nos , con los cuales se marcha andando. Mientras 
tanto suena música de guitarras y castañuelas , d 
cuyo son bailan sentados los dos bamboches , oyén- 
dose de cuando en cuando las voces de : K< todo el 
mundo al baile.") 



FIN DEL CUADRO QUINTO. 
5 



SPW ; 



(ral 



Vista esterior de unas ruinas á orillas del mar imajinario. 
Montones de piedras ó asientos rústicos en medio y á un 
lado. 

ESCENA PRIMERA. 

paulino. Luego un repostero. 

Pau. Lo que me figuré : ningún obstáculo habia para llegar 
hasta la fuente de la verdad: cai*gué mi cántaro y me 
volví por la misma senda: de algo me habia de valer la 
fortuna de mi nacimiento. Con aquella agua he dispuesto 
que me compongan unos sorbetes y... (Llama.) Maese re- 
postero, acá. 

Repost. (Saliendo.) ¿ Qué mandáis? 

Pau. ¿Están ya los sorbetes en disposición de sorberse? 

Repost. Sí señor: ahí eutre las ruinas tienen los mozos la 
garrafa y todo el servicio en paraje fresco. 

Pau. Está bien ; retiraos, que ya viene toda la concurren- 
cia. (V ase el reposten).) 

ESCENA II. 

DON TURULEQUE. MARI-CASTANA. CLORI. DULCINEA. MELI- 
SENDRA. MARCOLFA. BADANA. COMINO. GOLONDRO. RASPÓN. 

pueblo y soldados, entre ellos mateo, dos damas que 
traen en una bandeja ó azafate una corona y un ve- 
lo. — paulino. 

Casi. Guárdele Dios, hermano Paulino. 



6 7 

Pau. Señores correjidores, salud... y sentarse. Las daraas 
opositoras en ese banco. 

Mal. (Aparte d Lucia que casualmente se ha colocado 
cerca de él con otras muchachas pobremente ves- 
tidas.) ¡Lucía! 

Luc. {Aparte á él.) ¿Fres tú, Mateo? 

Maf. Sí, Sofronio me proporcionó un traje de soldado para 
poder concurrir á este sitio. 

Luc. ¡Siempre haciendo temeridades! 

Ma.'. Ya que me has perdonado otras culpas , perdóname 
esta que es puramente de amor. 

Luc. La perdono como sea la última. 

Tur. Honrados Batuecos, el concejo de la Alberca, solícito 
siempre del bien de sus conciudadanos, va á conferir la 
corona y el dote> recompensas de la virtud, á la donce- 
lla que justa y lejítimamente los hubiese merecido. La sa- 
biduría del hermano Paulino ha superado superabundan- 
temente los obstáculos que se superponían á nuestra su- 
perficial superintendencia, y su superintelijenciabilísima 
persona os dirá lo demás. 

Pau. Batuecos ilustrados y por ilustrar: la manera de cor- 
re jir las picardías que (mejorando á los presentes) se han 
cometido en los informes acerca de la conducta de las 
opositoras al certamen y es muy sencilla. El dignísimo 
correjidor leerá el estracto de cada informe; yo esplora- 
ré , es decir, yo interrogaré á cada una de las candida- 
tas , y de sus declaraciones aparecerá quién es merecedo- 
ra del premio. ¿Aprobáis mi propuesta? 

Golon. y Rasp. Sí, si. 

Bad y Com. No* no. 

Pau. Yo la he pensado bien. 

Bad. Al pueblo le parece mal. 

Tur. El verdadero pueblo no es la muchedumbre inerme* 
sino la unidad que dirije decenas, centenas y millares de 
estas. {Señalando las picas de los soldados.) Yo apoyo 
la propuesta del he/mano Paulino, y al que se oponga á 
ella le mandaré atravesar á lanzadas. Con esta previa es~ 
plicacion cada uno puede votar libremente. Volved á pre- 
guntar. 

Pau. ¿Se admite mi proposición? 

Todos. Sí. 

Tur. Por unanimidad. — Se procede al acto. 



68 

Pau. Yo con el beneplácito de nuestro amabilísimo corre- 
jidor he dispuesto que se sirvan sorbetes á las oposi- 
toras. 

Clori. Mil gracias. 

Pau. Repostero, servid. (Sale el repostero con sus mozos 
jr da sorbetes á las damas opositoras.) 

Com. (A Clon'.) ¿Tienes esperanza de llevarte el premio? 

Clori. Sí señor, que no todos me han de tratar con la in- 
justicia que tú. 

Com. ¿ A qué es hablar de eso? Si ya estoy pronto á casar- 
rae contigo, si estoy convencido de que tú solo me quie- 
res á mí, y de que el capitán solo quiere á su Dulcinea. 

Clori. Entonces , con tu permiso voy á dar al capitán una 
cucharadita. 

Com. ¿ Por qué no ? 

Bad. Gracias. 

Mal. (A Lucia?) Sal á que te den un sorbete: tú también 
eres opositora. 

Luc. Sería vanidad; y ademas ese obsequio es para las 
damas, no para las pobres. 

Pan. Mientras refrescan estas niñas , podéis ir leyendo in- 
formes, y yo iré preguntando. 

Tur. En efecto: abro el espediente general. {Tomando un 
libro de manos de un dependiente.) Informe de doña 
Clori. 

Clori. Servidora vuestra. 

Tur. Dice el estrado. El principal mérito de esta oposito- 
ra consiste en haber oido sesenta misas sin distracción. 

Pau. (Ap. Aquí de la virtud del sorbete.) ¿Es creible eso, 
niña ? 

Clori. ¿Pues no ha de ser? Como que era en misa donde 
me daba sus billetes el capitán. 

Com. ¡Qué sacrilejio! 

Pau. (Aparte.) Obró el sorbete. 

Bad. Señorita, eso es comprometer á un hombre sin nece- 
sidad. ¿Qué os costaba echar una mentira ? 

Pau. (Aparte.) Este ha probado el sorbete. 

Com. ¿Con que os ibais á casar conmigo y os carteabais con 
el capitán ? Novios presentes y pasados, que se borre de 
la lista de las opositoras á esta individua^ como yo la borro 
de mi memoria. 

Gol. y Rasp. Que se borre- 



% 

Maro. ¡Qué tonta ! 

Dula. ¡ Irse á condenar ella misma ! 

Tur. Doíia Melisendra. 

Mcl. Servidora. 

Tur. (Leyendo.) La prenda mas eminente de doña Melisen- 
dra es la bondad de genio. 

Pau. ¿ Y es de veras eso , alma mía ? 

Mcl. Sí, señor, yo soy una paloma sin hiél, y cuando re- 
pelo á mis hermanas y descalabro á mi dueña y araño 
á mi madre , nunca lo hago con mala intención. 

Bad. y Com. Fuera ese monstruo, fuera. 

Cast. Hermano Paulino, ¿en qué consiste que esas mu- 
chachas han dicho la verdad contra sí? 

Pau. En que el sorbete que han tomado está hecho con 
agua de la fuente de la verdad, que se la hace decir por 
fuerza. 

Casi. {Aparte.') Me alegro de no haber refrescado. 

Dulc. Yo me retiro de la oposición. 

Marc. Yo renuncio al premio. 

Otras damas. Nosotras también. (Se levantan y se re- 
tiran.') 

Pau. El banco de la virtud resulta vacío: ¿ no queda opo- 
sitora ninguna ? 

Luc. (Presentándose^) Yo quedo, señores; yo no he toma- 
do el sorbete : venga. 

Cast. ¡Qué temeridad! 

Tur. ¿Vos sois la estranjera Lucía? 

Luc. Yo soy. (Torna el sorbete.) 

Tur. (Mirando el libro.) Pero, hija, vuestro informe ca- 
balmente es el mas desfavorable de todos. 

Mar. Ya : no habrá buscado empeños como nosotras. 

Clori. Calla , mujer, que tendremos que decir que nosotras 
la hemos desacreditado. 

Pau. ¡Buena hilaza se descubre! 

Tur. (Mirando el libro.) Consta que una noche á deshora 
entró en vuestra casa un desconocido. 

Luc. Un temerario que atropelló*mis umbrales, pero no mi 
honradez. 

Bad. No vayáis á decir que fui yo. 

Pau. No, no se sabrá: entre estos pocos queda el secreto. 

Tur. Os acusan de avaricia , porque, llevabais muy caro por 
vuestras labores. 



7 o 

Luc Tenia que mantener á mi hermano. 

Tur. Se os acusa de liviandad por tener un amante. 

Luc. Nunca le otorgué un favor que no fuese honesto. 

Tur. Os acusan de embustera, por haber dado un informe 
falso á un esbirro. 

Luc. Eso es verdad, señores; esa vez mentí. 

Las opositoras. ;Hola! 

Luc. Fué por salvar la reputación de una dama que aquel 
mismo día me había dado de... 

Pau. ¿De comer? 

Luc. De bofetadas. 

Mel. {Tapándose la cara con el abanico.) ¡ Ali! 

Pau. Esta es la que merece el premio. 

Tur. ¡Viva la estranjera! 

Todos. ¡ Viva! 

Tur. Vuestro es el dote señalado, virtuosa Lucia: venid á 
recibir la corona. 

Cast. A mí me toca el honor de ceñírsrla. 

Luc. {Aparte.) ¡Gracias, mi Dios! ya soy feliz, ya puedo 
ser de Mateo. 

Mat. {Aparte.) Vamos á salir de miseria: tiempo era ya. 

{Lucia sube y se arrodilla sobre unas piedras que hay 
enmedio del teatro : Mari-Castaña torna de la bande- 
ja la corona y el velo, y se los pone á Lucia.) 

Cast. Hija, el señor os bendiga, como os bendecimos yo y 
todos. 

Todos. {Alzando las manos hacia Lucia.) Todos. {Lucia 
se levanta , y desaparece su traje pobre y de un color 
oscuro, quedando con uno blanco elegante.) 

Tur. Esa gala que prodijiosa mente os adorna, confirma la 
justicia de vuestro triunfo. 

Cast. Al hermano Paulino se lo debéis. 

Pau. Cierto : no hubiera podido confeccionarse el sorbete 
de la verdad, á no ser yo quien soy. {Se oye á lo lejos 
locar á muerto.) 

Tur. ¿Qué es esto? Tocan las campanas. 

I J au. Parece que doblan.. 

Cast. Alli viene un grupo de gente. 

Luc. {Aparte.) Y con ellos Alfonso: que no me vea. {Écha- 
se el velo.) 

Tur. ¿ Qué será ? 



7* 
ESCENA III. 



VIRTELI0. SOFRONIO. FORTUNIO. ALFONSO. CORTESANOS. — DI- 
CHOS. 

Vir. Habitantes de las Batuecas, vuestro rey acaba de espi- 
rar de repente. 

Todos. ¡ Cielos! 

Vir. Su hijo y heredero, que se criaba en la soledad según 
ley y costumbre, es este bizarro joven que os presenta- 
mos. El príncipe Alfonso es desde hoy nuestro rey. 

Todos. ¡Viva el rey! 

Alf. ¿Con que yo soy el rey, señores? ¿Y qué cosa es esa? 

So/. Los tres magos tutelares del país os lo enseñaremos en 
breve. 

For. Básteos saber por ahora, que según nuestros códigos 
podéis hacer en todo vuestra voluntad, con una sola 
restricción. 

Alf. ¿Con que podré ser amante? 

Vir. Siéndolo para ser esposo. 

Alf. ¿Y podré ser esposo de quieu yo quiera? 

Sof. Esa es la restricción : no podéis casaros sino con una 
joven que haya obtenido el premio de la virtud. 

For. Aqui está la modesta hermosura que acaba de obte- 
nerlo : miradla. (Alza el velo á Lucia.) 

Alf. ¡Mi cigüe... digo, mi bella desconocida! —Vasallos, 
yo adoro á esta joven, y ella me pertenece; yo la he ca- 
zado allá en mi desierto, en el término de mi propiedad. 
No quiero ser vuestro rey , si ella no es la reina. 

Luc. ¡ Ay infeliz! 

Mal. (Gritando.) Que se consulte la voluntad de la novia; 

For. A la pretendida del rey no se le admite la dimisión: 
díganlo mis ilustrados colegas. 

Sof. Harto siento decir que tal es la ley. 

Vir. Cierto es, hija mia. 

Luc. ¿Con que no puedo rehusar al monarca mi mano? 

For. (Aparte.) Yo triunfo: su virtud solamente la sirve 
para casarse á disgusto. 

Vir. El deber os impone un sacrificio mas: un dia hallareis 
la recompensa de todos. 

Luc. (Ap. ¡Ay mi Mateo!) Señor... vuestra soy. 

Mal. (Aparte.) ¡Máteme un rayo! 



72 

Alj. y todos. ¡Viva la reina! 

For. A disponer la coronación de los reyes. 

Alf. Ven, amada mia: esta vez no te me escaparás, no: en 

cambio le haré escapar de aqui al que fué tu amante. 

{A Paulino.) A Dios, maestro: celebraré que no nos 

veamos. 
Pan. Lo mismo digo. 
Mal. {Aparte.) Yo sí que vendré á verme con él. (F'anse 

todos , menos Paulino.) 

ESCENA IV. 

PAULINO. 

¿ Si creerá el rey novicio que apartándome de su corte me 
da una gran pesadumbre? Yo con una gruta y un prado 
tengo bastante. Pero no señor: ¡cuidado que es mucha 
simplicidad la mia! Yo le estoy sirviendo de comodín á 
ese galopo de Fortunio, y le sirvo de balde: lo cierto es 
que hubiera podido ser un señorón de primer orden, y 
hasla ahora me he contentado con ser un miserable san- 
tero. Nada, nada: esta es la ocasión de pronunciarse. 
Quiero riquezas, dignidades, golosinas; turrón, por ejem- 
plo: solo renuncio á las dulzuras del matrimonio, por 
su por qué. Yo soy hombre nuevo; yo he prestado ser- 
vicios de peso al país; yo tengo una opinión cada dia, 
que es el modo de atinar con la verdadera; yo poseo 
habilidad suficiente para apropiarme las ideas de otro, 
como he hecho con la de traer el agua de la verdad: ¿qué 
me falta para hacer carrera? Voy derechito á interpelar á 
Fortunio. 

ESCENA V. 

MATEO. — PAULINO. 

Mat. ¡Infeliz! Fortunio te abandona, porque le eres fir-» 
grato. 

Pan. ¿ De dónde os ha venido el parte, mocito? 

Mat. El propio me lo acaba de decir. 

Pau. Pues á fié de Paulino que le he de cantar la paulina. 

Mat. Te ha perdido el orgullo de querer merecer tu prós- 
pera suerte. 



73 

Pau. ¡Hola! ¿para ese brujo es un crimen querer desas- 
narse ? 

Mat. Por eso toleró que los jenios mis auxiliares se burla- 
ran de tí en la ermita y en la romería. 

Pau. ¿Con que mi protector dio licencia para que me en- 
sartaran como un palomino? 

Mat. Por eso, en fin, se pone de parte de los gnomos y sa- 
lamandras, que van á acometerte bajo la apariencia mas 
espantosa. (Truenos t oscuridad : música lúgubre.') 

Pau. jSantos cielos! 

Mat. ¿Oyes el ruido del huracán? ¿Oyes los conciertos in- 
fernales? Tu inminente exterminio es inevitable. (Vasc?) 

ESCENA VI. 

paulino. — Luego músicos dentro. 

Pau. Exterminio dijo. Y esa música que suena es cierta- 
mente de gori-gori. 

¡ Ay humilde y pacífica pradera, 
donde creció mi jumentud primera! 
Cantan dentro, ha. ocasión que se tuviere, 

no se ha de desperdiciar: 

la fortuna nunca quiere 

que la vayan á buscar. 
Pau. ¿Con que yo he desperdiciado la fortuna, y ya vo- 

laverunt ? ¡Estoy lucido! 
Una voz. Si mal escoje 

quien dicha tiene, 

que no se enoje 

si un lance viene 

que le despoje 

de todo el bien. 
Coro. Tú te metiste 

fraile mostén; 

tú lo quisiste, 

tú te lo ten. 
Una voz. ¡Pobre Paulino! 

tú porque hiciste 

un desatino, 

quedas alpiste: 

ya tu destino 



74 

pega un vaivén. 
Coro. Tú le metiste, &e. 

Pau. Pero si yo no soy fraile mostense, ni trapeóse; ¡vaya! 

ESCENA VIL 

el re\' </ít los Gnomos, y un infinito número de estos en 
figura de diablos. — paulino. 

Bey. Llegó tu hora. 

Pau. Ese reloj adelanta medio siglo. (Las ruinas, las pe- 
ñas y el mar se tiñen de fuego: grupos de diablos 
aparecen en el aire, en el suelo, en las ruinas, en to- 
das partes ; un tropel de ellos acomete á Paulino.} 
¡Hoy lo que aparece aqui! El infierno debe estar de par- 
to. Señores momos ó salamanquesas, ó lo que fueren, yo 
me arrepiento de mis impulsos honrados. Yo me correji- 
ré ; yo me resigno á ser tan afortunado, y tan maula ó 
tan estúpido como usarcedes quieran. 

Rey. No hay misericordia. 

Pau. Hagamos un ajuste: que no me pinchen ni anden á 
tizonazos conmigo, y me allano á recibir una cuarentena 
de palos. 

Los gnomos. No. 

Pau. El doble y pico: ciento. 

Gnomos. No. 

Pau. Doscientos: roe parece que me pongo en razón. ¿Aco- 
moda ? 

ESCENA VíIL 

FORTUNIO. — DICHOS. 



For. No: has de espirar entre horribles suplicios. Llevadle: 
obedeced á la ornuipolencia de la vara que empuño. 

Pau. (Quitándosela.) Ahora la empuño yo: tu poder es 
mió. 

For. ¡Perdido soy! 

Pau. Obedeced á esta vara, chusma precita: embestid á ese 
picaro. (Los gnomos se apoderan de Fortunio.) Entré- 
gale, infame: póstrate en tierra sin decirme palabra. 
(Fortunio cae en el suelo.) ¡Hola! ¿Con que tú desple- 
gabas contra mí todas las visiones de San Antonio Abad, 



75 

eh? Pues conviértete en su compañero. {Húndese For- 
tunioyf sale en su lugai' un cerdo.) Soplón, hazle tú 
aire, para que se ventile mientras yo le toreo. {Un dia- 
blo , que tiene unos fuelles que echan fuego , peí' sigue 
al cerdo : Paulino se queda vestido de torero , y torna 
una muleta y una espada de manos de unos chulillos 
que salen al mismo tiempo.) Ala , torito, ala: entra, en- 
tra. Banderilleadle, y yo le mataré luego. Asi conocerá 
que con un tonto ni aun la misma fortuna puede. {Los 
chulos capean á la res; tocan á matar , y Paulino la 
remata de una buena.') A la zalá é la gente de ezta 
tierra. 



FIN DEL CUADRO SESTO. 



»fSilliM^iMMMiiS^MMlSiiiliail 



yittrtbto $t$timo 



Mansión del olvido: «na gruta cubierta de moho y telarañas. 

ESCENA PRIMERA. 

don turuleque, entrando á tientas. 

¡ Ay ! me va á dar un causón : 
mi vida estuvo en un tris. 
Paulino á to*do el país 
ha puesto en revolución; 
y en la fiera trapisonda 
que mueven los de su bando, 
escapé á pata y andando* 
sin aguardar á mi ronda. 
Por fortuna que he venido 
á esconderme á bue,n lugar: 
¿quién diablos se ha de acordar 
de la mansión del olvido? 
Seno tenebroso y rudo, 
guaréceme en tus entrañas 
entre polvo y telarañas 
hasta saber si soy viudo. 
Mañana el trimestre justo 
desde el certamen termina: 
sin duda en esta bolina 
muere mi mujer de susto. 



77 

i ESCENA II. 

mari-CASTAna, saliendo por otro lado , y creyéndose so- 
la. — DON TURULEQUE. 

Casi. Ocúlteme esta mansión, 

del olvido apellidada, 

en. tanto que la asonada 

descarga el primer turbión. 

Del trimestre acaba el plazo 

mañana, y de ello se infiere 

que á las pocas horas muere 

mi esposo de algún porrazo. 

Aunque lo debo sentir, 

consolaréme después: 

jaquel bostezo da tres 

meses antes de morir! 
Tur. Lo que del Señor está 

sucede como él lo manda. (Encuéntranse.) 
Cast. ¡Ay! tropecé en cosa blanda. 

Tur. j Hola ! ¿ quién viene ? 

Cast. ¿Quién va? 

Tur. (Aparte.') Esta voz punto por punto 

tendrá, muerta, mi mujer. 
Cast. (Aparte.) Esta voz debe tener 

mi esposo en siendo difunto. 
Tur. ¿Quién va ? 

Cast. (Aparte.) Pues: ya suena es t raña. 

¿Quién viene? 
Tur. (Aparte.) Ha sufrido un trueque: 

no hay duda. 
CasL ¿Eres Turuleque? 

Tur. ¿ Eres tú Mari-Castaña ? 

Cast, Yo soy. 

Tur. Yo soy. 

Cast. (.AlP' Todo enfado 

se borra de mi memoria.) 
Dios te. corone de gloria. 
Tur. Dios le haya perdonado. 

Cast. Te dejé en casa por cierto 

«1 atahud prevenido. 
Tur. De parte de Dios te pido 

que rae digas cómo has muerto. 



7 8 

Casi. Con la esplendidez que quepa 

te enterrará tu María. 
Tur. ¿Enterrarme? Todavía 

no me he muerto, que yo sepa. 

Tú eres la que ya serás 

ánima del purgatorio. 
Cast. Se equivoca el vejestorio: 

vivo y viviré y tres mas. 
Tur. Míralo con detención , 

que puedes equivocarle. 
Cast. ¿ Me muriera sin pasarte 

un recado de atención? 

Llega y loca. {Tiéntanse.) 
Tur. {Aparte.) ¡ Ay qué desdicha! 

"Vive. 
Cast. {Aparte.") Vive; mas no imporla: 

su vida será bien corla. 
Tur. {Aparte.) Por fin, mañana despicha. 

Cast. {Aparte.) Yo debo darle razón 

de lo que le va á pasar. 
Tur. {Aparte.) A mí me toca evitar 

que espire sin confesión. 
Cast. ¿Te ha dado algún accidente 

en medio del alboroto ? 
Tur. ¿Estás mala? porque nolo 

que alientas difícilmente. 
Cast. Aunque de correr cansada , 

nunca me sentí mas buena. 
Tur. Ni yo. 

Cast. Pues, hijo, da pena 

{Asiéndole una mano.) 

tu pulsación ajitada. 
Tur. Siéntate y descansa: aquí 

hay un pedrusco. 
Cast. Yo quiero 

que te sientes el primero. 
Tur. Cederé. 

Cast. Cedo por tí. {Siéntanse.) 

Tur. Para escuchar un fracaso , 

hablemos en buen romance. 
Cast. No es para menos el lance. 

Tur. No es para menos el caso.— 



79 

Nuestro fatal matrimonio 

fué un continuo padecer. 
Casi. Ya: tú eras un lucifer. 

Tur. Tú eras el mismo demonio. 

Pero ya, j gracias á Dios, 

nuestra suerte se ha cambiado! 
Cast. Porque tú te has enmendado. 

Tur. Has sido tú. 

Cast. Bien , los dos. 

Tur. Eso es; y va á hacer tres meses 

que competimos atentos 

á tenernos miramientos 

cariñosos y corteses. 
Cast. Yo pasé mi mocedad 

en gemir y detestarte: 

mas ya empezaba á cobrarte 

una buena voluntad. 
Tur. Y yo ignal: en dulce calma 

paró la guerra encendida. 
CasL ¡Turuleque de mi vida! 

Tur. ¡Mari-Castaña del alma! (Se abrazan.) 

Cast. Pero cuando llego á verte 

renunciar á tus deslices, 

no nos deja ser felices 

el rigor de nuestra suerte. 
Tur. Es una coincidencia 

de lo mas raro y funesto; 

pero arriba lo han dispuesto: 

no hay .mas que tener paciencia. 
Cast. Con que, hijo... 

Tur. Adorada esposa, 

seria muy conveniente... 
Cast. Como andas intercadente... 

Tur. Como estás harto achacosa... 

Cast. Podríamos mano á mano 

ir á un pueblo en derechura... 
Tur. Sí tal; y buscar al cura... 

Cast. Y en seguida al escribano. 

Tur. Yo por mi parte no intento 

coartar tu libertad: 
haz según tu voluntad 

las mandas del testamento. 



8o 

Casi. El mió no corre prisa ; 

el tuyo es el que urje y mucho. 
Tur. Mujer, escucha. 

Casi. No escucho: 

haz tú lo que se te avisa, 

y... 
Tur. ¡Oh! 

Casi. ¿ Qué O ni que U ? 

Estás de peligro. 
Tur. ¡Bah! 

Casi. Te mueres mañana. 

Tur. íCa f 

Si quien se muere eres tú. 
Casi. ¿Yo? — Dime: ¿recuerdas cuántas 

veces se te abrió la boca 

en aquel certamen? 
Tur. Poca 

cosa: tres, y á tí otras tantas. 
Casi. Pues aquel era un indicio 

de que en tres meses morias. 
Tur. Morias tú. 

Casi. ¡San Matias! 

No sino tú. 
Tur. jSan Patricio l 

Casi. Mateo lo adivinó. 

Tur. Mateo me lo predijo. 

Casi. ¡Ay Dios! 

Tur. Entonces es fijo 

que nos morimos tú y yo. 
Casi. ¡Ay! debe ser verdadera 

la profecía nefanda, 

pues la cabeza se me anda 

como una devanadera. 
Tur. Yo siento en el mesen terio 

un ataque repentino T 

que en breve me hará inquilino 

de un nicho del cementerio: 

y aunque me esfuerzo á dudar 

que en la parroquia me obsequien 

mañana, ya escucho el réquiem 

en mis oidos zumbar. 
Casi. La sobrepelliz y el gorro 



veo del sochantre Lucas $ 

Y 0, o° y a **1 nc nos inducas 

cantado al son de piporro. 
Tur. ¡Morir cuando ya en descanso 

á dejarme principiabas .' 
Casi. ¡ Morir cuando te mudabas 

en un corderillo manso! 
Tur. Suerte perversa y maldita, 

contra tí levanto el grito. 
Cast. jAy pobre Turulequito ! 

Tur. ¡ Pobre Mari-Castañita! 

¿ Con que moriremos ? 
Una voz dentro. Sí. 

Cast. Sí, han dicho. 

ESCENA III. 

yirtelio j con un farol , y embozado. FORTUNÍO ¿ embo- 
zado.— -DICHOS. 

Vir. {A Fortunío.) Sí ¿ veri corriendo j 

que yo tu vida defiendo 

pues necesitas de mí. 
For. Gracias. 

Vir. Tío te encontrarán 

los de esa vil sedición. 
Tur. Mira el farol de la unción {A María.) 

y el cura y el sacristán. 
Vir. (A Fortunío.) Ven. 

Tur. (A Fortunío.) Señor* con dolor grande..¿ 

Cast. De nuestros dos corazones... 

Tur. Venimos... 

{Se arrodillan dándose golpes de pedio.) 
For. Vivid , simplones. 

(Vanse Fortunío y Virtelio.) 
Tur. Basta que usarced lo mande. (Levánlanse.) 

ESCENA IV. 

PAULINO. RASPÓN. BADANA. MATEO. PUEBLO armado. —-TU- 
RULEQUE. MARI-CASTANA. 

Pau. {Dentro.) Llegad , busquemos al brujo * 

6 



8a 

aunque sea en lo» infiernos. 
Tur. ¡Ay! tratemos de meternos 

por aqui á lo somorgujo. 
(T r anse Turuleque y Mari - Castaña ¡ y sale Paulino 
vestido de caballero con la vara en la mano y se- 
guido de Pueblo con armas y luces. Algunos cruzan 
la escena en busca de Forlunio. Badana conduce 
preso á Mateo.) 
Rasp. ¡Viva nuestro rey Paulino ! 
Bad. Señor, se prendió á Mateo: 

vedle. 
Pau. Ahorcado eslará feo: 

degolladle en el camino. 
MaU Sí, siempre para en tirano 

el idiota con poder. 
Pau. Calle, si no quiere ver 

cómo á patadas le aplanó; 
Mat. Quien de bagaje sirvió, 

¿asi la vergüenza pierde ? 
Pau. Eh , la vergüenza era verde 

y me la he comido yo. 

Llevadle. (Se lo llevan.) Todo á mi vara 

prodijiosa de oro cede. 

El oro todo lo puede. 

ESCENA V. 

golondro, con algunos SOLDADOS. COMINO.— PAULINO. BADA- 
NA. RASPÓN. PUEBLO. 

Gol. Todo el valle se declara 

por vos ; el príncipe Alfonso 

queda con su novia preso. 
Pau. Pues sin forma de proceso , 

que les canten un responso. {Vase un soldado.) 

Luego mi coronación 

se disponga. 
Com. Un mercader 

joyas os quiere vender 

para la augusta función. 
Pau. Venga. 

Com. Entrad. 



83 
ESCENA VI. 

íoi'ronk) , de mercader , seguido de un muchacho que trae 
una arquilla de joyería y galas. — dichos. 

So/. (4p. Virtolio exije 

que la vara le volvamos 
á Fortuuio.) Seüor... 
Puu. Vamos, 

¿qué traéis? 
So/. Ved. 

(El muchacho se acerca y Paulino rejistra ¡a arquilla 

con desden.) 
Pau. ¡Cuánto dije 

hay ! ¡cuánta banda bordada! 
So/ Escojed. 

Pau. Nada me incita. 

So/ Ved mas. 

Pau. Eh , no: quila , quita. 

{De repente un objeto le llama la atención y lo coje con 
la mano izquierda, porque en la derecha tiene la vara.) 
¿Qué es esto ? 
So/ Una cabezada. 

Pau. ¿De asno? 

So/ Sí. Ved su ramal. 

{Saca/ido uno arrollado.) 
Pau. ¡De seda! Esto me enamora. 

Dadme, dadme. 
(Toma el ramal también con la mano izquierda.) 
So/ Ved ahora 

¡qué magnífico bozal! (Lo muestra.) 
Pau. Sí, sí: venga. 

(Al tomar el bozal con la mano derecha, cáesele la va- 
ra , y cójela So/ronio.) 
So/ Vil ladrón , 

ya tu talismán perdiste. 
Vuelve al hoyo en que caíste. 
Pau. Misericordia, perdón. 

So/ No lo esperes, no ; disponte 

á no articular palabra. 
Pau. Me perdí como la cabra 

por la inclinación al monte. (Húndese.) 



84 

Todos. ¿Qué es esto? 

Sof. Qup el ser villano 

que de esta vara al influjo 

vuestra rebelión produjo, 

era eso. 
{Asoma una cabeza de asno por donde se hundió Pau- 
lino.) 
Pau. Un burro soprano. (Suelve a hundirse.) 

Todos. ¡Un burro! 

ESCENA VIL 

DON TURULEQUE. MARI-CASTANA.-^SOFRONIO. BADAHA. GO^ 
LONDRO. COMIHO. PUEBLO. 

Tur. y Cast. {Saliendo.) ¿Un burro? 

Bad. Debimos 

haberle roto los lomos. 
Tur. Callad , que no sé que somos 

los que no le conocimos. 
Sof. Por su medio os engañó 

Fortunio en aquel concurso, 

donde sin hacer discurso 

Paulino, á jestos habló. 
Cast. ¿ Con que habló solo por jestos ? 

Sof. Sí. 

Tur. ¿Luego son miedos vanos 

los que á tantos batuecanos 

nos han traido indispuestos ? 
Sof. Sí. 

Tur. No hablando, claro está , 

¿cómo habíamos de oirle ? 
Cast. {Aparte) Yo debo restituirla 

el crédito á mi mamá. 
Bad. Fortunio se ha divertido 

con nosotros lindamente. 
Tur. {Ap. Mi mujer está inocente.) 

Mari-Castaña, ¿ has oido ? 

No hay que temer el morir. 
Casi. Ya no: todo lo comprendo. 

No bostezamos oyendo: 

bostezamos sin oir. 



85 

Tur. Pues vivimos sin quimeras 

contando con enviudar, 

¿ vamos á no regañar 

nunca, hasta enviudar de veras? 
Cast. Sí: prometo reprimirme. 

Tur. Y yo seré un maridazo 

hasta entonces. 
Cast. XJn abrazo. 

Tur. y no y mil. 

Cast. Aprieta firme. {Se abrazan.) 

ESCENA VIII. 



VIRTELIO. fORTUNIO. — DICHOS, 

Vir. Sal ya sin recelo. 

Sof, {Viendo á Fort unió ) Sal , 

y toma: te restituyo 

lo que es de derecho tuyo. {Dale la vara.) 
JFbr^ Premiaré fineza tal.i^- 

Pueblo hasta aqui seducido, 
oid el profundo arcano 
descubierto por mi mano 
en la mansión del olvido. 
Vir. Al buscar parte segura 

donde Fortunio pudiera 
evitar la saña fiera 
del traidor que fué su hechura , 
encontrémonos un arca, 
y habiéndola rejislrado, 
se halló un escrito firmado 
por el difunto monarca. 
For. Dice asi. {Saca un papel y lee.) 

l < El joven que se ha educado con el nombre de el príncipe 
Alfonso, no es mi hijo; yo no he tenido ninguno. Alfon- 
so es estranjero ; fué traído al valle por una hechicera 
siendo muy niño y hallándose ciego; su robadora le cu- 
ró y crió á otro niño con el nombre, de León , que era 
el verdadero de Alfonso: Lucía es su hermana. Estingui- 
da en mí la real estirpe, espero que mis vasallos cum- 
plan la ley que manda elejir en este caso no rey sino 



86 

reina, y que lo sea la joven que hubiese últimamente con 
seguido el premio de la virtud." 
Tur. ¡Qué asombro! 

Sof. Dar 

crédito al papel debemos. 
Bad. Sí, porque, nada perdemos. 

Gol. Pues, y podemos ganar. 

Bad. En situación tan precaria 

tratándose de salvarnos... 
Gol. Lo natural es pasarnos 

á la bandera contraria. 



Corn. 


Eso es lo que yo diría. 


Vir. 


Ved firma y sello del rey. 


Bu sp. 


Pues que se cu tn pía la ley. 


Tur. 


Proclamemos á Lucía. 


Todos. 


Si, sí. 


Vir. 


Por mí libertada , 




usa de su soberano 




fuero y ofrece su mano... 


Bad. 


\ 


Gol. 
Corn. 


>¿A mí? 
) 


Basp. 




Vir. 


A Mateo. ¿ Os agrada 




la elección á todos ? 


Todos. 


Sí. 


Tur. 


Partamos de aquí al momento 




á prestar el juramento 




á la reina. 


Vir. 


Vedla alli. 



ESCENA IX. 

Decoración fantástica rodeada de monumentos crijidos 
á las virtudes : corónanla grupos de nubes : un sol vi- 
vísimo resplandece en el centro, lucia con manto, cetro 
y corona real ocupa un rico trono y d sus lados están 
mateo y Alfonso de pié. Jenios y ninfas los acom- 
pañan colocados á un lado y otro. 

Todos. ¡Viva la reina! 

Luc. No existe 



8 7 
mujer mas feliz. ¡Mi bien ! 

¡Mi hermano! — ¿A quién debo, á quién 

tal dicha ? 
Vir. A tí la debiste , 

y para que no lo dudes , 

te dedicamos contentos 

los tres esos monumentos 

símbolo de las virtudes. 
For. Reina sin zozobra alguna ; 

no temas de mí jamás: 

encadenada tendrás 

á tus plantas la fortuna. 

La virtud y ciencia trato 

de protejer desde hoy: 

¡ bien escarmentado estoy 

de hacerle bien á un ingrato ! 

Ya que un favor recibí , 

quiero de él mostrarme digno: 

en vuestras manos resigno 

{A Sofronio y Virielio.) 

la vara que antes perdí. 

A vosotros os confiero 

el cargo reparador 

de rodear de esplendor 

al mérito verdadero. 

{Entrega la vara d Virtelio.) 
Vir. ¡Bien boy tus favores truecas! 

For. A quien debo los consagro. 

Mat. ¡Lástima que este milagro 

solo pase en las Batuecas ! 
{Las ninfas y jenios ejecutan un baile.) 



FIN DE LA COMEDIA, 



l^ota* El autor ha tenido presente para esta Co- 
media dos del teatro francés, una antigua y otra 
moderna , que son Thimon le misan thrope de Mr. De- 
lisie, y La Valiere de Frere Philippe de Scribe, Mé- 
lesville y Delestre-Poirsoa. 



o 
o 
ss 

g 

w 

O g- 

►i 

O 

ES 

Q 

d 



i 
i 

i 



í- o 



10 

C 

w 

oí 

Q 

W. 

r 1 

tk 

w 

► 

M 

H 

r» 
O 
oo 

O 
W 

► 

O 

w 

ce 

d 

w 

w 

ir 1 
O 

00 



Q 

O 
W 

Cfl 

-d 
o 
o 

CA 



Q 


o 
1/1 


a 


•■d 


i— i 


o 


Ir 1 




F 


O 


H 


so 


W 




g 




O 


fe 

55 


O 




¡Z¡ 


OS 


Q 


o 


W 




H 


o 


¡2! 


3 

W 








GO 



PO